lunes, 15 de junio de 2020

Frases citas.. LLAVES




Clemente de Alejandría nos presenta al gnóstico Basílides “dedicado a la contemplación de las cosas divinas”.
Esto mismo puede decirse de los fundadores de las primitivas sectas que acabaron por fundirse en la estupenda amalgama de intrincados dogmas con que Ireneo, Tertuliano y otros doctores definieron el actual cristianismo. Si se califican de heréticas aquellas sects, también habríamos de considerar herético el primitivo cristianismo.
Basiílides y Valentino fueron anteriores a Ireneo y tertuliano, quienes todavía tienen menos motivo que aquéllos para cohonestar sus heréticas doctrinas, cuyo triunfo se debió a la propicia suerte y no al derecho divino ni a la eficacia de la verdad. Cabe asegurar con todo fundamento que el judaísmo, la cábala y el cristianismo son brinquiños de las dos recias ramas (induísmo y budismo) del robusto tronco de la prevédica religión universal a que pudiéramos llamar budismo prehistórico, posteriormente dogmatizado en el induísmo para rebrotar más tarde en el budismo de Gautama.
LA SUCESIÓN APOSTÓLICA
Con esta última religión tiene íntimo parentesco la predicada por Jesús y difundida por los apóstoles.
El buddha Gautama restauró la prístina pureza del sentimiento religioso estableciendo su doctrina ética sobre tres principios fundamentales, conviene a saber:
1.º El origen natural de todas las cosas.
2.º Que la virtud lleva en sí misma el premio, y el vicio el castigo.
3.º Que la vida terrena es de prueba para el hombre.
En estos tres principios se fundan todas las creencias religiosas, que pueden resumirse en Dios y la inmortalidad del espíritu.
Por confusos que fueran los subsiguientes dogmas teológicos y por incomprensibles las metafísicas abstracciones que embarullaron las teologías de las diversas religiones, todas éstas, si exceptuamos el actual cristianismo, vivifican su filosofía con aquellos tres principios que resplandecieron múltiplemente en las doctrinas de Zoroastro, Pitágoras, Moisés, Platón y Jesús.
Examinemos, pues, siquiera brevemente, las numerosas sectas que se llamaron cristianas por creer en un Christos, y veamos hasta qué punto coincidieron los apóstoles Pedro y Pablo en la predicación de la nueva doctrina.
Otra vez hemos de referirnos al fraude capital de los doctores de la Iglesia, quienes con propósito de validar la supremacía de Roma, afirmaron contra toda prueba histórica que el apóstol Pedro sufrió el martirio en la ciudad eterna.
Muy natural es que el clero romano se obstine en defender esta falsedad, porque una vez descubierta, quedaría sin apoyo alguno el dogma de la sucesión apostólica.
Recientemente se han publicado notables obras para refutar el supuesto martirio de Pedro en Roma, entre ellas El Cristo de Pablo, escrita por Reber, quien muy ingeniosamente demuestra:
1.º Que la Iglesia de Roma no se estableció hasta el reinado de Antonino Pío.
2.º Que si fuese cierto, como afirman Eusebio e Ireneo, que los apóstoles Pedro y Pablo nombraron por sucesor en el gobierno de la Iglesia a Lino, esta sucesión correspondería precisamente a los años 64 al 68 de la Era cristiana.
3.º Que este período cae dentro del reinado de Nerón.
Apoyado en estas tres demostraciones, prueba Reber con sólido fundamento que el año 69 no podía estar San Pedro en Roma porque estaba en Babilonia, donde escribió su primera epístola, cuya fecha fijan Lardner y otros investigadores en aquel mismo año.
Acaso la Iglesia romana quiso denotar desde luego su índole al elegir por fundador titular al apóstol que negó tres veces a su Maestro en el momento del peligro, y el único (excepto Judas) que con sus provocaciones dio motivo a que le reprendiese, diciendo:
Mas él, volviéndose y mirando a sus discípulos, amenazó a Pedro, diciendo: Quítateme de delante, Satanás, porque no sabes las cosas que son de Dios, sino las que son de los hombres.
La Iglesia griega conserva una tradición, cuyo origen atribuye a Basílides, según la cual, cuando el canto del gallo representó a Pedro la cobardía de su triple negación, atravesaba Jesús entre soldados el patio de Anás y encarándose con Pedro le dijo: “En verdad te digo, Pedro, que me negarás en los siglos venideros hasta que pases de viejo y extenderás tus manos y otro te escarnecerá”.
Dicen los griegos que este vaticinio se refiere a la Iglesia romana, que constantemente está renegando de Cristo bajo el disfraz de falsa religión.
ADULTERACIÓN DE LOS EVANGELIOS
El anónimo autor de la Religión Sobrenatural prueba concluyentemente la adulteración de los cuatro Evangelios por mano de Ireneo y sus secuaces, quienes tergiversaron maliciosamente el cuarto, aparte de las falsificaciones llevadas a cabo por los doctores de la Iglesia, de suerte que resultan de muy dudosa autenticidad.
Con insuperable lógica y profundo convencimiento trata el autor de este punto en su obra, según puede colegirse del siguiente pasaje:
Ganamos muchísimo más que perdemos al no creer en la revelación divina, pues al paso que conservamos íntegro el tesoro de la moral cristiana, prescindimos de toda superstición de adulterados elementos. No estamos ya sujetos a una teología contraria a la razón y al sentido moral, ni tenemos de Dios y de su gobierno del universo absurdos remedos antropológicos, pues de la mitología hebrea nos remontamos al elevadísimo concepto del Ser de bondad y sabiduría infinitas, cuya impenetrable gloria le encubre a la percepción de la mente humana; pero, no obstante, le conocemos por la perfecta y maravillosa operación de sus leyes... Ningún valor tiene el argumento tantas veces aducido por los teólogos de que la revelación le es necesaria al hombre para robustecer su conciencia moral. Lo único necesario para el hombre es la VERDAD, y sólo con ella debe conformarse nuestra conciencia moral.
Muy elocuente es el hecho de que el apóstol Pedro defendiera durante toda su vida el rito de la circuncisión; y por lo tanto, cabe inferir que a quienquiera, menos a Pedro, se le puede considerar como fundador de la Iglesia romana, pues si lo hubiera sido, de seguro que sus sucesores se sometieran a esta operación, siquiera por respeto al fundador.
El manuscrito hebreo: Sepher Toldoth Jeschu da muy distinta versión referente a Pedro, de quien dice que, en efecto, era discípulo de Cristo, aunque algo disidente, pero sin que los judíos le persiguiesen, como han supuesto los historiadores eclesiásticos.
El manuscrito habla con mucho respeto de Pedro, y le llama “siervo fiel del Dios vivo”,añadiendo que pasó austeramente el resto de sus días en lo alto de una torre de Babilonia entregado a la meditación, predicando la caridad y componiendo himnos religiosos. Dice también dicho tratado que Pedro recomendaba constantemente a los cristianos la paz y concordia con los judíos; pero luego de su muerte apareció en Roma otro apóstol diciendo que Pedro había adulterado las enseñanzas del Maestro y amenazó con los tormentos eternos de un infierno inventado por él a cuantos no creyeran en sus predicaciones, sin operar en apoyo de ellas milagro alguno de los prometidos
Las relaciones entre el apóstol Pedro y sus ex correligionarios judíos están apoyadas en el siguiente pasaje de Teodoreto:
Los nazarenos son judíos que veneran al ungido (Jesús) como a un justo y siguen el Evangelio según Pedro.
Según se infiere de los documentos históricos, las primeras sectas cristianas, fueron: nazarenos, ebionitas y esenios o terpeutas, de los que eran una rama los nazarios.
Todas estas sectas profesaban más o menos abiertamente la cábala, creían en la expulsión de los demonios por medio de conjuros mágicos, y hasta la época de Ireneo nadie las tuvo por heréticas.
Todas las sectas gnósticas creían igualmente en la magia, como comprueba el mismo Ireneo al hablar de los discípulos de Basílides diciendo:
Emplean imágenes, evocaciones, conjuros y todo lo referente a la magia.
LA PALABRA NAZARENO
Por otra parte, Dunlap, apoyado en la autoridad de Lightfoot, dice que a Jesús le llamaron por sobrenombre Nazaraios,aludiendo a la humildad de su condición social, pues dicha palabra significa “alejamiento de los hombres”.
Sin embargo, el verdadero significado de la palabra nazar (...) es “consagrado al servicio de Dios”, aunque en el gramatical sentido del lenguaje vulgar significaba diadema, y por figura de dicción se aplicó alegóricamente este nombre a los consagrados a Dios en cuya cabeza no tocaba filo de tijera.
A José, hijo de Jacob, le llaman nazareno las Escrituras, y el mismo título reciben Sansón (Semes-on ...) y Samuel (Sem-va-el ...). Porfirio dice que a Pitágoras le inició en Babilonia el hierofante Zar-adas, y de esto cabe inferir que el nombre de Zoroastro o Zoro Aster equivale a Nazar de Ishtar, Zar-adas o Na-Zar-Ad, cuyas leves diferencias proceden de la diversidad de idiomas. De la propia suerte el escriba Esdras (...) era hierofante y Zorobabel o Zeru Babel (...) fue el zoro o nazar que acaudilló a los israelitas al salir de la cautividad de Babilonia.
Las Escrituras hebreas aluden a dos distintos cultos religiosos dominantes entre los isaraelitas: el exotérico de Baco bajo el nombre de Jehovah y el esotérico de los iniciados caldeos, nazares, teurgos y algunos profetas cuya metrópoli era Babilonia, donde había dos escuelas rivales de magia, una exotérica y otra esotérica que, satisfecha de sus impenetrables conocimientos, no tuvo reparo en someterse aparentemente al poder secular del reformador Darío.
La misma conducta siguieron los gnósticos al acomodarse exotéricamente a la religión dominante en cada país, sin menoscabo especial de sus creencias esotéricas.
También cabe suponer que Zero-Ishtar fuese nombre común a los sumos sacerdotes o supremos hierofantes de la religión caldea, y que cuando los arios persas, en el reinado de Darío Hystaspes, vencieron al mago Gomates y restauraron el culto mazdeísta, sobrevino una confusión por la cual el Zero-Ishtar se convirtió en el Zara-tushra del Vendidad, que no aceptaron los demás arios, fieles a la religión védica.
No cabe duda de que Moisés estuvo iniciado, pues la religión mosaica viene a ser una entremezcla de heliolatría y sarpolatría con ligeros toques monoteísticos que Esdras elevó a concepto fundamental en las Escrituras recopiladas al regreso de la cautividad. De todos modos, el libro de los Números es posterior a Moisés, y sin embargo, en él se ve con toda claridad el culto pagano del sol y de la serpiente.
Los nazares o profetas, los nazarenos y los iniciados eran abiertamente contrarios al culto exotérico de Baco bajo el nombre de Jehovah, y se atenían estrictamente al espíritu de las religiones simbólicas, sin parar mientes en las idolátricas ceremonias de la letra muerta. Por esto, los sacerdotes, que en la superstición tenían su lucro, concitaban frecuentemente las iras del populacho contra los profetas, hasta el punto de morir algunos de ellos lapidados.
LA FÁBULA DE EURÍDICE
Otfriedo Müller nos descubre las diferencias entre los Misterios órficos y el culto exotérico de Baco, aunque los iniciados en ellos profesaban públicamente la religión báquica; pero la austera moralidad y el riguroso ascetismo de las doctrinas de Orfeo, que tan escrupulosamente seguían sus discípulos, eran de todo punto incompatibles con la grosera obscenidad y torpeza de lasceremonias populares.
La fábula de Aristeo que persigue a Eurídice por los bosques, donde la mata una serpiente, es clarísima alegoría de la fuerza bruta (Aristeo) que persigue a la doctrina esotérica (Eurídice), muerta por acometida de los dioses solares (la serpiente), que la sepultan en el mundo subterráneo o lugar inferior, muy distinto del infierno teológico. Además, cuando las bacantes despedazan a Orfeo, la alegoría da con ello a entender la profunda diferencia entre la religión esotérica y el culto exotérico, y que los groseros ritos populares tienen siempre entre el vulgo mejor acogida que la sencilla y divina verdad.
Difícil resulta determinar con precisión los ritos del esoterismo órfico, pues los himnos originales se perdieron desde un principio, y ni Platón ni Aristóteles tuvieron por auténticas las copias existentes en su tiempo. Sin embargo, la tradición oral indica que Orfeo aprendió sus doctrinas en la India de boca de los magos, o sean las mismas que profesaban los iniciados de todos los países.
Los esenios pertenecían a la escuela pitagórica, antes de que alteraran más bien que perfeccionaran su organización bajo el influjo de aquellos misioneros budistas establecidos per saeculorum millia en las riberas del mar Muerto, según nos dice Plinio. Pero si por una parte los misioneros budistas disciplinaron monacalmente a los esenios con estricta observancia de las reglas conventuales, también dieron vivo ejemplo de las austeras virtudes que en grado heroico practicó Sakya, a quien precedieron en ejemplaridad algunos filósofos antiguos con sus discípulos y siguieron siglos después Jesús y los ascetas cristianos, hasta que, relajándose poco a poco, las olvidó por completo la Iglesia romana.
Los nazares iniciados se habían mantenido siempre fieles a las enseñanzas esotéricas que antes de ellos profesaron los primitivos adeptos. Los discípulos de Juan el Bautista formaban una rama desgajada de los esenios y por tanto no debemos confundirlos con los otros nazares a quienes Oseas inculpó de haberse entregado a Bosheth (...), que era el máximo de la abominación .
La secta de los nazarenos era muy anterior a la ley de Moisés, y nació en la comarca de Galilea, secularmente enemistada con el resto de Israel y compuesta en otro tiempo de una confusa mezcolanza de gentes idólatras, cuya capital era Nazara, después Nazareth, donde los primitivos nazarenos celebraban los Misterios de vida o asambleas de iniciación, cuyos ritos religiosos diferían opuestamente de los del culto popular de Adonis en Biblos.
Mientras los menospreciados galileos adoraban al verdadero Dios con el don de clarividencia trascendental, los israelitas, que presumían de pueblo escogido, se entregaban a cultos idolátricos, según demuestra el siguiente pasaje:
Y saliendo una forma de mano, me asió de una guedeja de mi cabeza y me elevó el Espíritu entre la tierra y el cielo y me llevó a Jerusalén en visión de Dios... Y habiendo entrado, miré, y he aquí toda semejanza de reptiles y de animales y todos los ídolos de la casa de Israel estaban pintados en la pared por todo el rededor. Y a setenta hombres de los ancianos de la casa de Israel que estaban en pie delante de las pinturas... Y me dijo: Hijo de Israel en las tinieblas, porque dicen: No nos ve el Señor... Y me introdujo por la puerta de la casa del Señor que miraba al Norte, y he aquí mujeres que estaban allí sentadas llorando a Tammuz (Adonis). Ezequiel Cap 8
NAZARENOS Y NAZARES
Seguramente que los pueblos paganos no superaron jamás al escogido en las abominables obscenidades que sus mismos profetas les echan en cara con tanta frecuencia.
Así se explica la hostilidad, recrudecida posteriormente, entre los nazarenos y los judíos carnales, a quienes acusaban los primeros de adorar a Baco o Iurbo-Adonai.
Dice el Código de los Nazarenos:
No adores al sol que llaman Adonai, Kadush y El-El. Este Adonai escogerá una nación y la congregará en asambleas... Jerusalén llegará a ser el refugio de los abortivos, que se perfeccionarán (se circuncidarán) con espada y adorarán a Adonai.
Descendían los nazarenos de los nazares de la Biblia, y su postrer caudillo de nota fue Juan el Bautista.
Los escribas y fariseos de Jerusalén no les molestaban, a pesar de su heterodoxia, y aun el mismo Herodes temía un motín popular, porque las gentes consideraban a Juan como profeta.
Los discípulos de Jesús estaban en su mayor parte afiliados a la secta de los esenios, que era un desprendimiento de la de los nazarenos, o como si dijéramos, una herejía de herejía a los ojos de los fariseos, quienes miraban aviesamente a Jesús por sus innovadoras predicaciones.
Así se explica fácilmente la notable analogía entre el ritual de los primitivos cristianos y el de los esenios, que, según hemos dicho, habían sido catequizados por los misioneros budistas repartidos por Egipto, Grecia y Judea desde el reinado del celoso monarca Asoka; pero si bien es cierto que a los esenios cabe la honra de haber contado a Jesús entre los suyos, disentía de la comunidad en algunos puntos de observancia externa, por lo que en rigor no fue esenio, según veremos más adelante, ni tampoco nazar de los primitivos. El Código de los nazarenos y las injustas acusaciones de los gnósticos bardesanianos nos dicen lo que fue Jesús, según vemos en el siguiente pasaje:
Jesús es Nebo, el falso Mesías, el debelador de la antigua religión ortodoxa.
Fundó Jesús la secta de los nazares disidentes, de acuerdo con las enseñanzas budistas, como claramente se infiere de la palabra ... (Nebo, dios de la sabiduría) pues ... (naba) en hebreo significa hablar por inspiración. Pero Nebo es equivalente a Mercurio, y éste a Buddha en el monograma planetario de los indos. Además, los talmudistas sostenían que Jesús estaba inspirado por el genio de Mercurio.
Por lo tanto, el reformador nazareno pertenecía a una de dichas sectas, aunque no sea posible dilucidar cuál de ellas; pero está fuera de duda que predicó la filosofía de Sakya el Buddha. Denunciados los nazares por los últimos profetas y malditos por el Sanhedrín, que los persiguió solapadamente, quedaron confundidos en el concepto público con los otros nazares, de quienes dijo Oseas:
... y se enagenaron para su confusión y se hicieron abominables como aquellas cosas que amaron.
Así se comprende que los fariseos menospreciaran de tal modo a Jesús y le llamaran despectivamente el “Galileo”. Así se comprende también la pregunta de Nathaniel:
Pues qué, ¿puede salir de Nazareth cosa buena?
tan sólo porque sabía que Jesús era natural de esta ciudad galilea. Esto nos lleva a suponer con fundamento que los primitivos nazares no profesaban la religión mosaica como los judíos, sino más bien la de los teurgos caldeos. Por otra parte, la notoria tergiversación del texto original de los Evangelios substituyó la palabra nozari (nazareno o nazar) por la de Nazareth, de modo que el original decía:
¿Puede venir de un nazareno cosa buena?
Los errores de la Biblia son leves en comparación de los que se echan de ver en los Evangelios, y no hay más valiosa prueba del sistema de piadosos fraudes sobre que se funda el armazón del mesianismo.
El evangelista San Mateo dice al hablar de Juan:
Éste es Elías que había de venir.
En esto se descubre una antigua tradición cabalística; pero cuando le preguntan al Bautista: “¿Eres tú Elías)” y responde: “No lo soy”, ¿a quién hemos de creer?, ¿al Bautista o al Evangelista? ¿Y dónde queda la revelación divina?
Evidentemente, el propósito de Jesús fue idéntico al de Buda, esto es, baneficiar ampliamente al género humano por medio de una reforma religiosa que restableciese la ética en toda su pureza, pues hasta entonces el verdadero concepto de Dios y de la Naturaleza había sido privativo de los adeptos a las escuelas esotéricas.
Pero aunque Jesús no se abstuviese de beber vino podía ser nazareno, pues según el Libro de los Números, luego que el sacerdote agita ante el altar la cabellera de un nazareno, ya puede éste beber vino. La amarga lamentación de Jesús al ver que nada bastaba para satisfacer al pueblo, está concretada en el siguiente pasaje:
Juan vino sin comer ni beber y dijeron de él: “Tiene demonio”. El Hijo del Hombre vino comiendo y bebiendo y dicen: “He aquí un glotón y beodo”. (San Mateo, XI, 19).
Sin embargo, participaba Jesús de las costumbres de los esenios y de los nazarenos, pues no sólo le oímos mandar un mensajero a Herodes diciéndole que lanzaba demonios y curaba enfermos, sino que se titula profeta y se declara igual a los demás profetas.
El bautismo es uno de los ritos más antiguos, y todas las naciones lo practicaban en los Misterios a manera de ablución sagrada. Dunlap opina que el nombre de nazar deriva del verbo nazah (rociar), a lo cual se añade que, según los nazarenos, Bahak-Zivo creó el universo del “agua obscura”, y por otra parte afirma Richardson que la palabra bahak significa llover.
Sin embargo, no es fácil identificar el Bahak-Zivo de los nazarenos con el dios Baco, aunque éste fuese “el dios de la lluvia”, pues los nazarenos eran acérrimos adversarios del culto de Baco. Dice Preller que las hyadas o ninfas de las lluvias educaron a Baco, y que al terminar los Misterios los sacerdotes rociaban los altares y los ungían con aceite; pero todo esto es muy deleznable prueba.
El bautismo en el Jordán nada tenía que ver con los ritos exotéricos del culto de Baco ni con las libaciones en honor de Adonai o Adonis, tan aborrecido de los nazarenos, pues no es necesario suponer semejante analogía para probar que la pública ceremonia bautismal derivaba de los Misterios, cuyos ritos en modo alguno deben confundirse con los supersticiosos e idolátricos de la plebe pagana. Juan fue el profeta de los nazarenos y recibió en Galilea el nombre de Salvador; pero no fundó la secta que derivaba sus doctrinas de la antiquísima teurgia caldeo-acadiana.
Las clases inferiores de los primitivos hebreos, de procedencia cananea y fenicia, conservaron el culto de los dioses fálicos; pero, no obstante, también hubo iniciados entre ellos. Posteriormente, la influencia de los asirios modificó el carácter de la plebe hebrea, y por último, los persas difundieron las costumbres y conceptos farisaicos de que derivaron el Antiguo Testamento y las instituciones mosaicas.
Los asmoneos, que a un tiempo eran reyes y sacerdotes, publicaron los cánones del Antiguo Testamento en contraposición a los Libros secretos (Apocrypha) de los judíos cabalistas alejandrinos. Hasta el pontificado de Juan Hircano, los jefes de Judea fueron asideanos (chasidim) o fariseos (parsis); pero después se convirtieron en saduceos o zadokitas, que mantenían la regla sacerdotal en opuesta distinción de la rabínica. Los fariseos eran benévolos y cultos; los saduceos, fanáticos y crueles.
** Codex Nazareus (Latín) El “Libro de Adán” (es de advertir que este último nombre significa anthropos, hombre o humanidad). El Credo nazareno es llamado algunas veces “sistema bardesiano”, aunque Bardesanes (155 a 228 antes de J.C.) no parece haber tenido nada que ver con él. Cierto es que nació en Edessa (Siria) y fue un famoso astrólogo y sabeo antes de su supuesta conversión; pero, por otra parte, era un hombre bien educado y de noble familia, y no habría usado el casi incomprensible dialecto caldeo-siríaco mezclado con el misterioso lenguaje de los gnósticos, en que está el Codex.

La secta de los Nazarenos era precristiana. Plinio y Josefo hablan de los Nazaritas diciendo que tenían su residencia en las riberas del Jordán, 150 años antes de J.C. (Ant. Jud., XIII, pág 9); y Munk afirma que “el Nazaritismo (Naziareate) era una institución fundada antes de las leyes de Musah” o Moisés (Munk, pág 169). Su nombre moderno arábigo es El Mogtasila ; en los idiomas europeos se designa a los Nazarenos con los nombres de Mendaítas (Mendeanos o Mandeanos) o “Cristianos de San Juan” (véase Bautismo).
Pero si la palabra “bautistas” puede bien aplicarse a ellos, no es con el significado cristiano, pues mientras que ellos eran, y son todavía, sabeos o astrólatras puros, los mendaítas de Siria, llamados “galileos”, son politeístas puros, como puede comprobarlo cualquier viajero en Siria y en el Eufrates, una vez que se ha informado de sus misteriosos ritos y ceremonias. (Véase: Isis sin velo, II, 290 y siguientes, edic. Inglesa).
Tan secretas conservaron sus creencias desde el principio mismo, que Epifanio, que escribió contra las Herejías en el siglo XIV, se confiesa incapaz de decir en qué creían los nazarenos, y se limita a consignar que éstos no mencionan nunca el nombre de Jesús ni se titulan cristianos (obr. cit., 190). Con todo, es innegable que algunas de las supuestas opiniones filosóficas y doctrinas de Bardesanes se encuentran en el Códice de los Nazarenos. (Véase: Norberg, Codex Nazaraeus, o el “Libro de Adán”, y también Mendaítas).
MODALIDADES DEL BAUTISMO
Dice el Código de los nazarenos:
Juan, hijo del abasaba Zacarías y concebido por su madre Anasabet a los cien años, hacía ya cuarenta y dos que bautizaba cuando bautizó a Jesús el Mesías... Pero Jesús alterará la doctrina de Juan y mudará su bautismo y dará otros aforismos de justicia.
El bautismo de agua quedó substituido por el del Espíritu Santo, tal vez a causa del empeño que mostraron los Padres de la Iglesia en establecer una reforma que distinguiese a los cristianos de los nazarenos, nabateanos y ebionitas con propósito de cohonestar nuevos dogmas.
Los Evangelios sinópticos no solamente nos dicen que Jesús bautizaba como Juan, sino que los discípulos de éste se enojaron por ello, aunque nadie pueda acusar a Jesús de culto báquico.
El versículo 2 del capítulo IV de San Juan, que está puesto entre paréntesis y dice: “(Aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos)”, tiene todas las trazas de una interpolación. Según Mateo, Juan el Bautista dice que el que viene tras él no bautizará con agua, sino “con fuego y Espíritu Santo”. Marcos, Lucas y Juan corroboran estas palabras. Más adelante demostraremos que los símbolos del agua, fuego y Espíritu Santo, proceden de la India. Pero es muy particular que los Hechos de los apóstoles nieguen el bautismo de fuego, según se infiere del siguiente pasaje:

Vemos que San Juan Bautista, el precursor, profeta y mártir, según el cumplimiento de las profecías anuncia públicamente el bautismo de fuego y del Espíritu Santo; y sin embargo, sus discípulos, que tan convencidos debieran estar de las palabras de su maestro, declaran que nunca han oído hablar del Espíritu Santo.
Verdaderamente, tenían razón los autores del Codex Nazareus; pero no a Jesús, sino a los que posteriormente tergiversaron el Nuevo Testamento con tendenciosas miras, debemos culpar de haber adulterado la doctrina de Juan, la significación del bautismo y el sentido de las palabras de justicia.
No cabe objetar que el Codex, tal como lo conocemos, fue escrito siglos después de la predicación de los inmediatos discípulos de Juan, pues lo mismo ocurrió con los Evangelios.
Cuando Pablo habló con los bautistas, no había aparecido aún entre ellos Bardesanes, y por lo tanto nadie tildaba de herética a dicha secta. Además, la rivalidad suscitada desde un principio entre los discípulos de Jesús y de Juan nos da a entender que los de este último no tomaron en consideración la promesa del “Espíritu Santo”; y por otra parte, tan poco seguro estaba Juan de que Jesús fuese el Mesías prometido, que después del bautismo y no obstante la voz que desde el cielo dijo: Éste es mi Hijo el amado, envía desde la cárcel a dos discípulos para que le pregunten a Jesús: “¿Eres tú aquel que ha de venir o hemos de esperar a otro?”

BLAVATSKY

domingo, 14 de junio de 2020

Palabras, Nombres LLAVES (MISTERIOS)




En griego, teletai, consumaciones, ceremonias de iniciación o Misterios. 
Eran unas ceremonias que generalmente se mantenían ocultas a los profanos y a las personas no iniciadas, y durante las cuales se enseñaban por medio de representaciones dramáticas y otros métodos el origen de las cosas, la naturaleza del espíritu humano, las relaciones de éste con el cuerpo y el método de su purificación y reposición a una vida superior. 

 La ciencia física, la medicina, las leyes de la música, la adivinación, se enseñaban todas ellas de la misma manera. El juramento de Hipócrates no era más que un compromiso místico. Hipócrates era un sacerdote de Asclepios, algunos de cuyos escritos llegaron por casualidad a hacerse públicos. 
Pero los Asclepiades eran iniciados del culto de la serpiente de Esculapio, como las bacantes lo eran del dionisíaco, y ambos ritos, andando el tiempo, fueron incorporados a los eleusinos. 
Los sagrados Misterios eran celebrados en los antiguos templos por los hierofantes-iniciados, para provecho e instrucción de los candidatos. Los Misterios más solemnes y secretos eran seguramente los celebrados en Egipto por “la compañía de los guardadores del secreto”, como denomina Bonwick a los Hierofantes. 

 Maurice describe muy gráficamente su naturaleza en breves líneas. Hablando de los Misterios que se celebraban en Filé (Isla del Nilo), dice que “en estas sombrías cavernas los grandes y místicos arcanos de la diosa (Isis) eran revelados al adorador aspirante mientras el solemne himno de iniciación resonaba en toda la larga extensión de estas recónditas profundidades de granito.” 

La palabra “Misterios” deriva del griego muô, “cerrar la boca”, y cada símbolo relacionado con ellos tenía una significación muy oculta. Segun afirman Platón y muchos otros sabios de la antigüedad, los Misterios eran altamente religiosos, morales y benéficos como escuela de ética
Los Misterios griegos, los de Ceres y Baco eran sólo imitaciones de los egipcios, y el autor de Creencia egipcia y Pensamiento moderno nos enseña que la “palabra inglesa chapel (capilla o capella) se dice que es el Caph-El o colegio de El, la divinidad solar. Los tan conocidos Kabiri o Cabires estaban asociados con los Misterios. En breves palabras, los Misterios eran en todos los países una serie de representaciones dramáticas en las que los misterios de la cosmogonía y de la Naturaleza, en general, eran personificados por los sacerdotes y neófitos, que desempeñaban el papel de los diferentes dioses y diosas, repitiendo supuestas escenas (alegorías) de sus vidas respectivas. Estas eran explicadas en su sentido oculto a los candidatos a la iniciación, e incorporadas en las doctrinas filosóficas. (G.T. H.P.B.) 

 Misterios de Eleusis.- 

Los Misterios eleusinos eran los más famosos y más antiguos de todos los Misterios griegos (excepto los de Samotracia), y se celebraban en las cercanías de la aldea de Eleusis, no lejos de Atenas. Epifanio los hace remontar a los tiempos de Inachos (1800 antes de J. C.), y fueron fundados, como se expresa en otra versión, por Eumolpo, rey de Tracia y Hierofante. Se celebraban en honor de Deméter, la Ceres griega y la Isis egipcia, y el último acto de la representación aludía a una víctima sacrificial expiatoria y una resurrección cuando el Iniciado era admitido al supremo grado de Epopta. (Véase esta palabra). La fiesta de los Misterios empezaba en el mes de Boëdromion (septiembre), época de la vendimia, y duraba desde el día 15 hasta el 22, o sean siete días. La fiesta hebrea de los Tabernáculos, fiesta de las Cosechas, en el mes de Ethanim (el séptimo), empezaba igualmente el día 15 y terminaba el 22 de dicho mes. El nombre del mes (Ethanim) deriva, segun algunos, de Adonim, Adonia, Attenim, Ethanim, y estaba consagrado a Adonai o Adonis (Thammuz), cuya muerte lamentaban los hebreos en las arboledas de Bethlehem

El sacrificio del “Pan y del Vino” ejecutábase antes de los Misterios de la Iniciación, y durante la ceremonia se revelaban a los candidatos los misterios del Petroma, especie de libro hecho de dos tablitas de piedra (petrai), unidas por un lado y dispuestas para abrirse como los demás libros. (Para más detalles, véase: Isis sin velo, II, págs. 44 y 91 y siguientes). (G.T. H.P.B.) 

 Misterios órficos u Orphica (Griego).- 

Venían después de los Misterios de Baco, pero diferían mucho de éstos. 
El sistema de Orfeo se caracteriza por su purísima moralidad y severísimo ascetismo. 
La teología que enseñaba Orfeo es, por otra parte, puramente inda. Para él la Esencia divina es inseparable de todo cuanto es en el universo infinito, puesto que todas las formas están ocultas en ella desde toda la eternidad. En determinados períodos, estas formas son manifestadas emanando de la Esencia divina, o se manifiestan ellas mismas. Así, gracias a esta ley de emanación (o evolución), todas las cosas participan de dicha Esencia, y son partes y miembros impregnados de la naturaleza divina, que es omnipresente. Habiendo procedido de Ella todas las cosas, a Ella deben necesariamente volver y, por lo tanto, son menester innumerables transmigraciones o reencarnaciones y purificaciones antes de llegar la consumación final. Esto es pura filosofía Vedânta. Por otra parte, la Fraternidad órfica no comía alimentos animales, llevaba vestidos de lino blanco y practicaba muchas ceremonias parecidas a las de los brahmanes. (G.T. H.P.B.)

GLOSARIO TEOSOFICO

sábado, 13 de junio de 2020

Extracto. C.H (Cophus Hermeticum)


Estas cosas comprendí por el Nombre de Poimandres.
8 Estaba yo todavía atónito, cuando me habló de nuevo y me dijo: - Has visto mentalmente la forma arquetípica, el principio anterior al principio ilimitado, esto me dijo Poimandres y yo le pregunté:- ¿De dónde salieron los elementos de la naturaleza? Y él a su vez:- De la Voluntad de dios que habiendo acogido al Nombre y contemplado el bello cosmos, lo imitó creando para sí a partir de sus propios elementos y de las almas hechas por ella.
9 La Mente el Dios, que es a la vez macho y hembra, y contiene en sí Luz y Vida, dió a luz por Nombre a una segunda Mente Creadora, la cual, siendo dios del fuego y del espíritu, creó a su vez siete gobernadores dueños contenedores del cosmos sensible,cuyo gobierno se llama Destino.
10 De inmediato, el Nombre del Dios, arrancándose de los elementos inferiores del Dios, se lanzó hacia la región pura de la naturaleza creada y se unió a la Mente creadora(puesto que son de igual naturaleza), dejando desamparados a los elementos inferiores de la naturaleza, los irracionales, que consisten de sólo materia.

viernes, 12 de junio de 2020

LO ÚNICO DESEABLE (Fragmento de Los Oráculos Caldeos)



Los Oráculos Caldeos (Logia, Oracula, Responsa) son el producto de un sincretismo helénico y, más concretamente, alejandrino. Por aquel entonces, la verdadera filosofía religiosa alejandrina se entendía como una mezcla de elementos órficos, pitagóricos, platónicos y estoicos, y constituía la teología de los eruditos de Alejandría, ciudad que a partir del tercer siglo a. J.C. se transforma gradualmente en el centro de la cultura helénica. 

En su íntimo contacto con los pueblos de Oriente, el pensamiento griego se unió libremente a los entusiastas cultos del misterio ya las tradiciones centradas en la búsqueda de la sabiduría. También se dedicó un gran esfuerzo a elaborar un sistema filosófico basado en la mitología, teosofía y gnosis, sentencias proféticas, apocalipsis simbólico y tradiciones populares iniciáticas de estos pueblos. Egipto y Caldea, considerados como la cuna de las más antiguas tradiciones de la búsqueda de la sabiduría, se convirtieron en las dos naciones que influyeron con mayor fuerza en los pensadores griegos. 

Ya hemos hablado extensamente en los volúmenes sobre Hermes Trismegisto -el tres veces grande- de cómo el helenismo elaboró una filosofía con la antigua sabiduría de Egipto. Sin ir más lejos, es lo que intentan hacer estos Oráculos con la sabiduría caldea. Más aún, mientras que en los escritos herméticos debemos manejamos con una serie de tratados en prosa, en estos Oráculos nos enfrentamos con un único poema de misterio, cuyo punto de comparación más cercano se establece en el ciclo de poemas pseudoepigráfi cos de Judíos y Cristianos conocidos como los Oráculos Sibilinos. 

La gran biblioteca de Alejandría contenía una valiosa colección de manuscritos denominados por aquellos tiempos «Libros Sagrados de Oriente» y que estaban redactados en sus lenguas originales. Muchos fueron traducidos, entre ellos se encuentran 

Los Libros de los Caldeos. Zosimo, el antiguo alquimista y miembro de una de las últimas comunidades herméticas, escribe, en alguna parte, a fines del siglo III d. J.C.:

LO ÚNICO DESEABLE

El Padre es la Fuente de todas las fuentes y el Fin de todos los fines; Él es el Único Deseable, Perfecto y Benigno, el Bueno, el Summum Bonum, como nos muestran los tres fragmentos desconectados que se transcriben a continuación: 

"Porque de la Fuente Paterna no surge [o rueda] nada imperfecto. El alma debe tener medida, ritmo, perfección para girar, circular o pulsar con este Principio Divino". 
El Padre no siembra miedo sino que derrama persuasión. 


El Padre controla desde dentro y no desde fuera; controla siendo, viviendo dentro y no por contrastes. 
No saber que Dios es totalmente Bueno. ¡oh, desdichados esclavos, sed sensatos! 

Compárense estos fragmentos con el discurso del predicador incluido en el tratado hermético 

«El Poimandrés»: 5 Oh, vosotros, gente, tribu nacida de la tierra, vosotros que os habéis dado a la ebriedad y al sueño ya la ignorancia de Dios, ¡despertad ahora! También el Oráculo cita lo siguiente: El alma de los hombres se apretará a Dios estrechamente, con nada sujeto a la muerte; [pero] ahora todo está ebrio, pues se glorifica en la Armonía [ es decir en las Esferas del Destino o Sublunares] bajo cuya influencia existe la estructura mortal. 

HERMES TRISMEGISTO – POIMANDRES



1 Cierta vez que me había puesto a pensar en los seres, absorta la imaginación en las alturas del pensamiento, ausentes los sentidos como quien duerme profundamente después de una copiosa comida o de un agotador ejercicio corporal, me pareció que unser inmenso aparecía, de talla incomparable, que me llamó por el nombre y me dijo:- ¿Qué quieres oir y ver, qué quieres entender y conocer en tu mente?

2- ¿Y tú quién eres?, le dije.- Yo soy Poimandres, respondió, la Mente del Poder Supremo: sé lo que buscas, y en todas partes estoy contigo.

3 Quiero aprender sobre los seres, le dije, y entender su naturaleza, y conocer al Dios.Oh! cuánto quisiera que alguien me enseñara sobre estos temas!- Guarda en tu mente lo que quieres aprender que yo te enseñaré.

4 Y habiéndo dicho estas cosas, cambió de forma, y en un instante el espacio entero se abrió ante mí, y ví un panorama infinito, y todo se transformó en Luz, una Luz tan serena y alegre que al verla la adoré.Al poco tiempo, fue bajando y mostrándose una Tiniebla espantosa y sombría,enroscada como espiral tortuosa, semejante a una serpiente. Después la Tiniebla se fue transformando en una cierta natura húmeda que se agitaba indescriptiblemente, que arrojaba humo como lo hace el fuego y emitía un clamor, un gemido inenarrable. De allí brotó un grito inarticulado de socorro que parecía lo voz de un ser humano.

5 Fue entonces cuando, saliendo de la Luz, un Nombre santo cayó sobre la cosa, y un fuego puro emergió de esa natura húmeda hacia los celestes espacios, un fuego ligero y sutil, y enérgico a la vez. El ágil aire se dejó arrastrar por el espíritu, y de la tierra y el agua se izó a sí mismo hasta alcanzar el fuego, de forma que parecía colgar de él.Por su parte, la tierra y el agua quedaron entremezclados tan íntimamente que no era posible distinguir a uno del otro: el Nombre espiritual que se cernía sobre ellos los mantenía en movimiento, a lo que parecía oirse.

6 Entonces Poimandres me dijo:- ¿Entiendes los que esta visión significa?- Lo sabré, le contesté.- Yo soy aquella Luz, me dijo, yo, la Mente, tu Dios, que preexisto a la naturalezahúmeda que surgió de la Tiniebla. En cambio el Nombre luminoso que procede de la Mente es hijo de dios.- ¿Y entonces?, exclamé.- Entiéndelo así: lo que en tí vé y oye es nombre del señor, tu mente en cambio es dios padre, ya que no están mútuamente separados, pues su unidad es la Vida.Le agradecí y me dijo:- Entiende la Luz y discierne estas cosas.

7 Habiendo dicho estas cosas, me clavó la mirada por tan largo tiempo que su aspecto me hacía temblar; cuando se irguió después, quedé en mi mente contemplando la Luz de poderes innumerables, transformada en un cosmos infinito que, con inmenso poder, rodeaba y abrazaba al fuego forzándolo a aquietarse.

Estas cosas comprendí por el Nombre de Poimandres.

8 Estaba yo todavía atónito, cuando me habló de nuevo y me dijo: - Has visto mentalmente la forma arquetípica, el principio anterior al principio ilimitado, esto me dijo Poimandres y yo le pregunté:- ¿De dónde salieron los elementos de la naturaleza? Y él a su vez:- De la Voluntad de dios que habiendo acogido al Nombre y contemplado el bello cosmos, lo imitó cosmo creando para sí a partir de sus propios elementos y de las almas hechas por ella.

9 La Mente el Dios, que es a la vez macho y hembra, y contiene en sí Luz y Vida, dió a luz por Nombre a una segunda Mente Creadora, la cual, siendo dios del fuego y del espíritu, creó a su vez siete gobernadores dueños contenedores del cosmos sensible,cuyo gobierno se llama Destino.

10 De inmediato, el Nombre del Dios, arrancándose de los elementos inferiores del Dios, se lanzó hacia la región pura de la naturaleza creada y se unió a la Mente creadora(puesto que son de igual naturaleza), dejando desamparados a los elementos inferiores de la naturaleza, los irracionales, que consisten de sólo materia.

11 Entonces la Mente Creadora junto con el Nombre envolvieron los círculos y los hicieron girar bramando, pusieron en movimiento circular a sus propias creaturas para que rodaran, a partir de un principio indefinido, hasta un término sin fín, que comienza donde acaba.Esta circulación de todo, como lo quiso la Mente, produjo animales irracionales a partir de elementos inferiores (ya no estaba el Nombre con ellos), el aire produjo aves y el agua peces. La tierra y el agua, como lo quiso la Mente, fueron separadas una de otra, y la tierra hizo salir de sí a los animales que tenía adentro, cuadrúpedos y reptiles, fieras y animales domésticos.

12 La Mente, el Padre de todas las cosas, siendo Vida y Luz, parió un Hombre igual a ella, a quién amó como hijo propio: porque siendo imagen del Padre era hermosísimo;porque realmente tanto amó el Dios a su propia figura que le entregó la creación entera.

13 Y vió el Hombre la creación en el fuego del Creador, y quiso también crear, y con permiso del Padre entró en la esfera de la creación y, poseedor futuro de plenos poderes, tomó conocimiento de las obras de su hermano, las que lo amaron y le hicieron partícipe de su propia jerarquía.Habiendo así explorado su constitución y participado de sus naturalezas, fué su voluntad desgarrar hacia arriba la periferia de los círculos y contemplar el poderío de aquel que reina sobre el fuego.

14 Entonces poseedor ya de plenos poderes sobre el cosmos de los seres mortales y de los animales irracionales, se inclinó sobre la estructura, y desgarrando el velo mostró a la naturaleza inferior la bella figura del Dios. Y al ver la naturaleza que la figura del Dios poseía una belleza inagotable y las energíastodas de los gobernadores, sonrió de amor, pues ya había visto la bellísima figura del Hombre reflejada en el agua, y su sombra sobre la tierra.En cuanto a él, viendo su propia figura en la naturaleza reflejada en el agua la amó, y quiso habitar en ella. Y al punto que lo quiso se realizó, y vino a habitar la forma irracional. Y la naturaleza a su vez acogiendo a su amado se entrelazó entera con él y copularon juntos, porque eran amantes.

15 Por éso es que, a diferencia de todos los demás seres vivos de la tierra, sólo el Hombre es doble: mortal por el cuerpo, inmortal por el Hombre esencial. Por consiguiente, a pesar de ser inmortal y poseedor de plenos poderes sobre todas las cosas, está sujeto a la muerte y sometido al Destino. Siendo superior a la estructura se volvió esclavo dentro de la estructura. Siendo andrógino, de padre andrógino, y no sometido al sueño porque viene del que nunca duerme, sin embargo es vencido...

16 Entonces le interrumpí:-¿Y ahora? oh Mente mía! porque yo también amo al Nombre! Y continuó Poimandres:- Este es el misterio que ha estado oculto hasta el día de hoy. Al copular la naturaleza con el Hombre provocó un prodigio prodigiosísimo: Como te había dicho, el Hombre tiene la naturaleza de la estructura de los siete, de fuego y espíritu, y la naturaleza, no sufriendo la espera, parió enseguida siete hombres en correspondencia a la naturaleza de los siete gobernadores, andróginos y erguidos hacia el cielo.

17 Exclamé entonces:- Y ahora, oh Poimandres!, ardo en un deseo inmenso y me muero por seguir oyéndote!no te apartes del tema!- Cállate, todavía no he terminado de desarrollar el primer asunto, me respondió Poimandres.- Me quedaré callado, le contesté.Como te decía, la generación de estos siete ocurrió de la siguiente manera: la tierra fué la hembra y el agua el ardiente macho, del fuego la naturaleza recibió el madurar y del aire el espíritu, y produjo los cuerpos según la imagen del Hombre. Y así el Hombre, de vida y luz que era vino a ser con alma y mente, la Vida se hizo alma, y la Luz mente, y todas las cosas del cosmos sensible permanecieron así hasta el fin de un ciclo, hasta el comienzo de las especies.

18 Escucha lo que viene ahora y que ardes en deseos de oir. Cumplido el ciclo, por voluntad de dios se rompió el lazo que unía todas las cosas: en consecuencia todos los seres vivos que hasta entonces eran andróginos fueron separados al mismo tiempo que el Hombre, y fueron por un lado machos y por otro hembras. Y enseguida el Dios dijo una palabra santa: "Creced en crecimiento y multiplicaos en muchedumbres, vosotras las criaturas todas y las cosas que han sido hechas, y que el que tiene intelecto sere conozca inmortal y sepa que la causa de la muerte es el amor y que conozca todas las cosas."

19 Y habiendo hablado así el Dios, la providencia por medio del Destino y de la estructura produjo las uniones y estableció las generaciones, y todas las cosas se multiplicaron según sus especies, y el que se reconoció a sí mismo llegó al bien super elegido, pero el que se aficionó al cuerpo producto de un extravío de amor quedó extraviado en la tiniebla padeciendo en los sentidos las cosas de la muerte.

20 - ¿Porqué cometen tan grande falta los ignorantes, le dije, de tal manera que vienen a ser despojados de la inmortalidad?- Parece que no has reflexionado mucho en lo que oíste, y sin embargo te dije que estuvieras atento.- Estoy atento y recordando, y también te doy gracias.- Dime, pues, si atendiste, ¿porqué merecen la muerte los que están en la muerte?- Porque la fuente original de nuestro cuerpo es la sombría tiniebla de donde procede la naturaleza húmeda, de la que se constituye en el cosmos sensible el cuerpo, del cual se abreva la muerte.

21 - Bien lo entendiste. Pero dime ahora ¿porqué "el que se entiende a sí mismo va hacia sí mismo" como dice la palabra de Dios?- Porque el Padre de la totalidad, de quién nació el Hombre, consiste de Luz y Vida.- Has hablado muy bien. Luz y Vida es el Dios y Padre, del que nació el Hombre. Por consiguiente, cuando entiendas que estás hecho de Vida y Luz y que procedes de ellas, volverás de nuevo a la Vida, así me habló Poimandres.- Háblame aún, le dije, ¿cómo volveré yo a la Vida? ¡oh Mente mía! porque el Dios dice "El que tiene intelecto se reconoce a sí mismo".

22 ¿Es que no todos los hombres tienen intelecto?- Cállate parlanchín. Yo mismo, la Mente, estoy al lado de los honestos y buenos, delos los puros y compasivos, junto a los piadosos: mi presencia los auxilia y pronto descubren todas las cosas y amorosamente apaciguan al Padre, y le dan gracias con alabanzas y tiernos himnos ceremoniales. Y, antes de entregar el cuerpo a la justa muerte, llegan a detestar los sentidos, pues ya saben cuales son sus obras. Más aún, Yo, la Mente, no consentiré que triunfen las obras del cuerpo y su violencia: como guardián de las puertas impediré el ingreso de los actos malos y disolutos, cortaré las fantasías.

23 En cuanto a los insensatos, malos, perversos, envidiosos, arrogantes, asesinos e impíos, me quedaré lejos de ellos y daré paso al genio vengador, el que aplica al hombre la parte más viva del fuego y cae sobre él por los sentidos, y lo fortalece aún más para que realice obras impías, de forma que le quepa en suerte un castigo íntegro, pues no deja de apetecer sin fin y de guerrear insaciable, y lo tortura y le aumenta el fuego hasta la máxima plenitud.

24 - Qué bién mes has enseñado todas las cosas como yo quería, oh Mente! Pero dime ahora ¿cómo es el regreso hacia arriba?- Primero, me dijo Poimandres, al descomponerse el cuerpo material lo entregas a la transformación, y tu figura humana deja de manifestarse.Entregas al genio tu personalidad ya inactiva, y los sentidos corporales remontan asus fuentes en cuyas partes se transforman y de nuevo vuelven a confundirse con las energías. La agresividad y el deseo van a la naturaleza irracional.

25 Y así, de ahora en más, el hombre comienza a subir por la estructura: en la primera esfera deja la energía de aumentar y decrecer; en la segunda la industriosidad para el mal, dolo ya inactivo; en la tercera, el deseo, fraude ya inactivo; en la cuarta la ostentación del mando, ya sin ambición; en la quinta la osadía profana y la presuntuosa temeridad; en la sexta las ansias perversas de la riqueza, ya sin actividad; y en la séptima esfera la tramposa mentira.

26 Entonces, desnudo de las obras de la estructura, entra en la naturaleza ogdoádica, dueño de su propia fuerza, y canta himnos con los seres al Padre. Entonces todos los que presencian su llegada se regocijan con él, y, ya igual a sus compañeros,alcanza a oir a las potencias superiores a la naturaleza ogdoádica que con voz dulce y peregrina cantan himnos al Dios. Entonces, en buen orden, suben hacia el Padre y,entregados a las potencias y ellos mismos hechos potencias, se transforman en dios.Porque tal es el buen fin de los que poseen el conocimiento: divinizarse.- ¿Qué esperas pues? como heredero de todas estas cosas ¿no te harás conductor de los dignos de forma que por tí sean liberados por dios?

27 Habiendo dicho estas cosas, ante mis ojos, Poimandres se mezcló con las potencias. Y mientras yo daba gracias y dirigía mis alabanzas al Padre del Todo, me dejó Poimandres cargado de poder e instruído sobre la naturaleza y la visión divina del Todo. Y comencé a anunciar a los hombres la hermosura de la piedad y del conocimiento:- ¡Oh pueblos! ¡Vosotros, hombres nacidos de la tierra, entregados a la embriaguez,al sueño y a la ignorancia del Dios: volved a la sobriedad, suspended la borrachera,pues estáis hechizados de un sueño irracional!.

28 Los que habiendome oído vinieron a mí, y les dije:- ¿Qué pasa con vosotros, oh hombres nacidos de la tierra! ¡Os habéis entregado ala muerte cuando se os ha concedido el poder de la inmortalidad? ¡Reflexionad,vosotros, que hacéis camino con el error y habéis llegado a convivir con la ignoracia! ¡Alejaos de la luz tenebrosa, y abandonando la ruina, compartid la inmortalidad!

29 Entonces unos se marcharon, después de chancearse a mis costas, estando como estaban entregados al sendero de la muerte, pero otros me pedían que los instruyera arrojándose a mis piés: pero hice que se levantaran y, puesto en conductor dela raza, enseñaba la palabra, cómo y de qué manera serían liberados, y sembraba en ellos las palabras de la sabiduría, y los alimentaba con el agua de ambrosía.Llegada la tarde, cuando la luz del sol comenzaba a desvanecerse por completo, los llamé a dar gracias al Dios, y cumplida la acción de gracias, cada uno se fué a dormir a su lecho. 

 30 Por mi parte, gravé en mi alma los beneficios que me hiciera Poimandres, y lleno de la plenitud que había deseado, me sentí colmado de alegría, porque el sueño del cuerpo se había transformado en vigilia del alma, la ceguera de la vista en visión auténtica, el silencio en preñéz del bien y la palabra en divulgación de bienes.Cosas que realmente ocurrieron porque acepté recibir de mi Mente, es decir, de Poimandres, el Nombre del Poder Supremo . Llegué a ser soplo divino de la verdad. Por éso, con toda mi alma y con todas mis fuerzas ofrezco este elógio al Padre Dios:

31 Santo es el Dios y Padre de la totalidad.Santo es el Dios cuya Voluntad se cumple en sus propias Potencias.Santo es el Dios que quiso que lo conocieran y que es conocido por los suyos.Eres santo, Tú, fundador de todas las creaturas por el Nombre.Eres santo, Tú, cuya imagen la entera Naturaleza ofrece.Eres santo, Tú, de quién la Naturaleza no pudo reproducir la forma.Eres santo, poderosísimo más que todas las Potencias.Eres santo, superior a cualquier superexcelencia. Eres santo, mejor que todas las alabanzas.Recibe las puras ofrendas racionales del alma y del corazón tendidos hacia Tí, inefable,impronunciable, Tú, que sólo puedes ser nombrado por el silencio.

32 Te suplico no decaiga el conocimiento que corresponde a nuestra naturaleza humana: acuérdame lo que pido y lléname de fortaleza, y con esta gracia iluminaré a los de mi raza que están en la ignorancia, a mis hermanos, tus hijos.Sí, acepto y soy testigo: voy a Vida y Luz.Bendito seas, padre.Tu hombre quiere colaborar en tu obra santificadora, puesto que le concediste todos los poderes.

EL LADO OCULTO DEL CRISTIANISMO (Final)



(B) EL TESTIMONIO DE LA IGLESIA

Algunos, quizá, admitirán sin dificultad que los Apóstoles y sus sucesores inmediatos tenían de las cosas espirituales un conocimiento más profundo que el corriente entre la masa de fieles que les rodeaban; pero serán pocos, probablemente, los que estén dispuestos a dar un paso más y abandonar el círculo encantado, aceptando los Misterios de la Iglesia primitiva como el depósito de su sagrado saber. Sin embargo, hemos visto a San Pablo cuidando a San Timoteo y dándole instrucciones para que a su vez iniciase a otros que debían oportunamente transferirla para que pasase de mano en mano.
Consta, pues, la provisión de cuatro generaciones sucesivas de maestros, mencionados en las Escrituras mismas, las cuales generaciones sobrevivieron con mucho a los escritores de la Iglesia primitiva que dan testimonio de la existencia de los Misterios; pues de ellos los hay discípulos de los mismos Apóstoles, si bien las declaraciones más terminantes son las de aquellos que se hallan separados de los Apóstoles por un escalón intermedio. Ahora bien; cuando estudiamos los escritos de la Iglesia primitiva, nos encontramos con alusiones que sólo son inteligibles, admitiendo la existencia de los Misterios, y más adelante hallamos declaraciones de que los Misterios existían. Esto debía esperarse, teniendo en cuenta el punto en que el Nuevo Testamento deja la cuestión; pero siempre es satisfactorio ver que los hechos responden a la previsión.

Los primeros testigos son los llamados Padres apostólicos, discípulos de los Apóstoles; pero quedan muy pocas obras suyas, y éstas son discutidas. No habiendo sido escritas con el carácter de controversia, sus declaraciones no son tan categóricas como las de los escritos posteriores. Sus cartas tienen por objeto animar a los creyentes. Policarpo, obispo de Esmirna y discípulo, lo mismo que Ignacio, de San Juan (1), manifiesta confianza en que las personas a quienes se dirige estén bien versadas en las Sagradas Escrituras y en que nada os sea oculto; pero a mí aún no se ha concedido este privilegio" (2), escribe, a lo que parece, antes de obtener la iniciación completa. 

Barnabas habla de comunicar "alguna parte de lo que yo mismo he recibido" (3), y después de exponer la interpretación mística de la Ley, declara que "nosotros, pues, entendiendo rectamente Sus mandamientos, los explicamos como el Señor quería”. (4) Ignacio, obispo de Antioquía y discípulo de San Juan (5) dice de si mismo que "todavía no soy perfecto en Jesucristo, pues comienzo ahora a ser discípulo y os hablo como a mis condiscípulos" (6) , y se refiere a ellos como “iniciados en los misterios del Evangelio por Pablo, el santo, el mártir” (7).

También dice: "¿No podría yo escribiros cosas más llenas de misterio? Temo hacerlo, sin embargo, porque quizá os causara daño, pues no sois más que niños. Perdonad me en este particular, no sea que, incapaces de soportar tan pesada carga, seáis aplastados por ella. Yo mismo, aunque ligado (por Cristo) y capaz de comprender cosas del cielo, las jerarquías angélicas y las diferentes clases de ángeles y huestes, la diferencia entre poderes y dominios y las variedades de tronos y autoridades, el poder de los eones, la preeminencia de querubines y serafines, la sublimidad del Espíritu, el reino del Señor, y sobre todo la incomparable majestad del Dios Omnipotente, aunque versado en estas cosas, sin embargo, estoy muy lejos de ser perfecto y de ser un discípulo como Pablo o Pedro" (8) . 

Este pasaje es interesante, porque demuestra que la organización de las jerarquías celestiales era uno de los asuntos que se enseñaban en los Misterios. Además habla del Sumo Sacerdote, el Hierofante, "que es el encargado del sancta sanctorum y el único a quien se han confiado los secretos de Dios" (9).
Nos encontramos en seguida con San Clemente de Alejandría y con su discípulo Orígenes, los dos escritores de los siglos II y III, que dicen más acerca de los misterios de la Iglesia primitiva. Aunque la atmósfera general está llena de alusiones místicas, estos dos son claros y categóricos en sus declaraciones de que los Misterios eran una institución reconocida.

Ahora bien; San Clemente, que era discípulo de Panteno, habla de éste y de otros dos, que, según conjeturas, eran probablemente Taciano y Teodoto, como "guardianes de la tradición de la bendita doctrina emanada directamente de los Santos Apóstoles Pedro, Santiago, Juan y Pablo" (10), mediando, por tanto, sólo un eslabón entre él y los Apóstoles.

El fue el jefe de la Escuela catequística de Alejandría en el año 189 de nuestra Era, y murió en 220. Orígenes, discípulo suyo, nació en 185, y fue quizá el más sabio de los Padres, y un hombre de la más rara belleza moral. Estos son los testigos de quienes hemos recibido las declaraciones más importantes acerca de la existencia de Misterios definidos en la Iglesia primitiva.

La Stromata o Misceláneas de San. Clemente constituye la fuente de nuestra información acerca de los Misterios en su tiempo. El mismo habla de estos escritos como de una "miscelánea de notas gnósticas con arreglo a la verdadera filosofía" (11); y también loS califica de memorándum de las enseñanzas que él mismo había recibido de Panteno. El pasaje es instructivo: "El Señor... nos permitió comunicar sus Misterios divinos y esa santa luz a aquellos que pueden recibirlos. El no descubrió, ciertamente, a los muchos lo que a los muchos no pertenecía, sino a loS pocos, a quienes él sabía que pertenecían, a los que eran capaces de recibirlos o de amoldarse a ellos. Pero las cosas secretas se confían a la palabra, no a la escritura, como hace Dios. y si alguno dice (12) que está escrito "que nada hay secreto que no deba ser revelado, ni nada oculto que no deba ser descubierto", que sepa también de nosotros que el que oye en secreto, hasta lo secreto le será manifestado. Esto es lo predicho por tal oráculo. 

Y para aquel que es capaz de observar en secreto lo que se le da, será descubierto como verdad lo que está velado; y lo que está oculto a los muchos, aparecerá manifiesto a los pocos. . . Los Misterios se revelan místicamente; lo que se habla puede estar en la boca del que habla; pero más bien que en su voz está en su intención... Estas memorias mías son deficientes si se las compara con aquel espíritu lleno de gracia que tuve el privilegio de escuchar. Pero serán una imagen para representar el arquetipo en la mente de aquel que haya sido tocado con el Tirso." Será oportuno explicar aquí que el Tirso era la vara que llevaban los Iniciados, con la cual tocaban a los candidatos durante la ceremonia de la Iniciación. Tenía un significado místico que simbolizaba la médula espinal y la glándula pineal en los Misterios Menores, y una Vara, conocida de los Ocultistas, en las Mayores. Por tanto, el decir "aquel que fue tocado con el Tirso", era exactamente lo mismo que decir "aquel que fue iniciado en los Misterios." Clemente prosigue: “Nosotros declaramos que no hacemos la explicación completa de las cosas secretas; lejos de esto, sólo suscitamos la memoria de ellas, ya sea porque hemos olvidado algo, ya sea que nos propongamos evitar que se olviden. 

Yo bien sé que muchas cosas se nos han borrado con el transcurso del tiempo, se nos han desvanecido por no estar escritas... Hay, pues, algunas cosas de que no hacemos memoria; ¡el poder de que estaban dotados los hombres benditos era tan grande!"
Este es un caso frecuente entre aquellos que son enseñados por los grandes Seres, porque Su presencia estimula y pone en actividad poderes que están normalmente latentes y que el discípulo no puede despertar si no es ayudado. "Hay también algunas cosas que, desatendidas largo tiempo, al fin se han desvanecido; otras se borran desapareciendo por completo de la mente, por no ser tarea fácil para los inexpertos el retenerlas: éstas las hago revivir en mis comentarios. Algunas cosas omito deliberadamente, haciendo uso de una prudente selección, pues temo escribir lo que me guardo de hablar, no por falta de buena voluntad -lo cual sería culpable- sino por miedo que mis lectores tropiecen, interpretándolas en sentido erróneo; esto equivaldría, como dice el proverbio, a "entregar una espada a un niño". 
Es imposible que lo escrito deje de llegar a manos de alguien, aunque yo no lo publique. Y por más vueltas que se dé a la única voz de la escritura, nada responderá ésta al que le pregunte, más allá de lo escrito; pues se requiere necesariamente la ayuda de alguno, bien sea del que escribió o de otro que haya seguido sus pasos. Algunas cosas apuntará mi tratado; en otras se extenderá; otras apenas serán mencionadas. Hablará imperceptiblemente, mostrará en secreto y demostrará en silencio" (13).

Este pasaje solo basta para probar la existencia de una enseñanza secreta en la Iglesia primitiva. 
Pero no es el único que encontramos. En el capitulo XII de este mismo Libro I, titulado "Los Misterios de la Fe no son para todos", Clemente declara que, pues otros además de los sabios pueden leer su obra, “es forzoso encerrar en un Misterio la sabiduría hablada que enseñó el Hijo de Dios”. 

Se requería lengua purificada en el que hablaba, oídos purificados en el que oía. 
"Tales eran los obstáculos en el camino de mi escrito. Y aún ahora temo, como vulgarmente se dice, "echar margaritas a puercos, para que las pisoteen y se vuelvan contra nosotros y nos destruyan." Porque es difícil poner de manifiesto las palabras realmente puras y transparentes que se refieren a la verdadera luz, a oyentes groseros y sin instrucción. Apenas podría encontrarse cosa más risible que ésta para las muchedumbres, así como, por el contrario, nada más admirable e inspirador para las naturalezas nobles. Los sabios no profieren con su boca lo que razonan en consejo. "Lo que recibáis al oído -dijo el Señor- proclamad lo en las casas" ; ordenando así adquirir las tradiciones secretas del verdadero conocimiento y explicarlas clara y terminantemente; y conforme se las reciba al oído, transmitirlas a quien es debido. 

Mas no nos ordena comunicar a todos sin distinción el sentido de lo que se le dice en parábolas. Por tanto, sólo consigo en las memorias un bosquejo que contiene la verdad muy esparcida, para que pueda escapar a la penetración de aquellos que recogen las semillas como los grajos; mas si tropiezan con un buen cultivador, cada una de ellas germinará y producirá grano."
Clemente pudo haber añadido que "proclamar en las casas" significaba proclamar o explicar en la asamblea de los Perfectos, de los Iniciados, y en modo alguno predicar en alta voz a la multitud en las calles.

En otra parte dice que los que "todavía son ciegos y mudos, y no tienen entendimiento, ni la visión penetrante y serena del alma contemplativa. . . deben permanecer fuera del coro divino. . . Por lo cual, conforme al método de ocultación, la Palabra realmente sagrada y divina, la más necesaria para nosotros, guardada en la urna de la verdad, se señalaba por los egipcios en lo que ellos llamaban el adyta y por los hebreos en el velo. Sólo a lo consagrados. . . les era dado penetrar allí. 

Platón también consideró ilícito que "los impuros tocasen lo puro." De aquí que las profecías y oráculos se expongan en enigmas, y que los Misterios no sean manifestados libremente a todos sin distinción, sino sólo después de ciertas purificaciones e instrucciones previas" (14). Después discurre largamente sobre los símbolos, explicando los pitagóricos, los hebreos y los egipcios (15), y luego observa que el hombre ignorante y sin instrucción no los comprende. "Pero los gnósticos los entienden. 

Por tanto, no conviene que todas las cosas sean expuestas sin discreción a todos indistintamente, ni que los beneficios de la sabiduría sean comunicados a los que ni aun en sueños han sido purificados en el alma (pues no es permitido transmitir al primero que llega lo que se ha adquirido con tan penosos esfuerzos); ni son los Misterios de la Palabra para ser entregados al profano." Los pitagóricos y Platón, Zenón y Aristóteles tenían enseñanzas exotéricas y esotéricas. Los filósofos establecieron los Misterios; pues "¿no era más beneficioso para la santa y bendita contemplación de las verdades el que permaneciesen ocultas?" (16). 

Los Apóstoles también probaban el "que se velasen los Misterios de la Fe", "pues hay una instrucción para los perfectos", aludida en la Epístola a los Colosenses, I, 9-11 y 25-27. "Así, pues, de una parte están los Misterios que permanecieron ocultos hasta el tiempo de los Apóstoles, y que fueron transmitidos por ellos conforme los recibieron del Señor, los cuales, velados en el Antiguo Testamento, fueron manifestados a los santos. Y de otra parte están "las riquezas de la gloria del misterio en los gentiles", que es fe y esperanza en Cristo; a lo que él llamó en otro lugar el "cimiento." Cita a San Pablo para demostrar que este "conocimiento no pertenece a todos", y dice, refiriéndose a la Epístola a los Heb., V y VI, que "había ciertamente entre los hebreos algunas cosas reveladas que no estaban escritas"; y luego se refiere a San Barnabas, quien dice de Dios "que ha puesto en nuestros corazones la sabiduría y el entendimiento de Sus secretos", y añade que "a pocos es dado el comprender estas cosas", mostrando así un "rasgo de la tradición gnóstica." "Por lo que la instrucción que revela las cosas ocultas es llamada iluminación; pues solamente el maestro levanta la tapa del arca " (17) . Más adelante, refiriéndose a San Pablo, comenta su indicación a los romanos de que él "llevará con abundancia la bendición de Cristo" (18), y añade que así designa él "el don espiritual y la interpretación gnóstica, que, entretanto, desea participarles de palabra como "la plenitud de Cristo, según la revelación del Misterio, sellado desde tiempos eternos, y ahora manifestado por las Escrituras proféticas . . .” , (19) . Pero sólo a pocos de ellos es mostrado lo que son esas cosas contenidas en los Misterios.


Con razón, pues, dice Platón en las epístolas, tratando de Dios: "Nosotros estamos obligados a hablar en enigmas, a .fin de que, si la tableta viene a caer, por cualquier accidente marítimo o terrestre, en poder de alguno, permanezca ignorante el que lea" (20).
Después de un maduro examen de los escritores griegos y de una detenida investigación filosófica, declara San Clemente que la Gnosis "comunicada y revelada por el Hijo de Dios, es sabiduría. . . y la Gnosis misma es lo que, de unos en otros, ha llegado hasta unos pocos, transmitida por los Apóstoles, sin consignarla en escritura alguna” (21). Hace San Clemente una extensa relación de la vida del Gnóstico, el Iniciado, y termina diciendo: "Basta lo dicho para los que tienen oídos; pues no es necesario descubrir el misterio, sino sólo indicar lo suficiente para que lo perciban aquellos que participan del conocimiento" (22) .

Considerando San Clemente la Escritura formada de alegorías y de símbolos para que permanezca oculto su sentido, a fin de estimular la investigación y de preservar al ignorante del peligro (23) , limita la instrucción superior a los sabios, como era natural. "Nuestros gnósticos han de ser profundamente instruidos" (24), dice. "Ahora bien, los gnósticos deben ser eruditos" (25). Los que habían adquirido aptitud por una educación previa, podían penetrar el conocimiento más profundo; pues, aunque "un hombre puede ser creyente sin instrucción, así también afirmamos que es imposible que un hombre sin instrucción pueda comprender las cosas que se declaran en la fe" (26). "Algunos que se consideran naturalmente dotados, no quieren aprender ni la filosofía ni la lógica, y aun más, ni siquiera la ciencia natural. Piden solamente la fe desnuda. . . Así también llamo verdaderamente instruido a aquel que todo lo somete a la piedra de toque de la verdad, de suerte que extrayendo lo que hay utilizable en la geometría, en la música, en la gramática y en la misma filosofía, pone su fe a cubierto de todo género de asaltos. . .
¡Cuán necesario es para el que desea participar del poder de Dios, tratar los asuntos intelectuales filosóficamente!" (27).

"El gnóstico se aprovecha de las ramas del saber como ejercicios auxiliares preparatorios" (28). ¡Tan lejos estaba San Clemente de pensar que la enseñanza del cristianismo podía ajustarse a la ignorancia de las gentes que carecían de instrucción! “El que esté versado en todo linaje de sabiduría será preeminentemente un gnóstico" (29) . Así, al paso que daba la bienvenida al ignorante y al pecador, y encontraba en el Evangelio lo que respondía a sus necesidades, consideraba que sólo los instruidos y los puros eran candidatos a propósito para los Misterios. "El Apóstol llama a la fe común el cimiento, y algunas veces la leche (30), distinguiéndola así de la perfección gnóstica"; sobre ese cimiento debía construirse el edificio de la Gnosis, y al alimento de los niños debía sustituir el de los hombres. No había dureza ni desprecio alguno en la distinción que hacía, sólo sí el reconocimiento sabio y reposado de los hechos.

Aun el candidato bien preparado, el discípulo instruido y educado, podía únicamente alimentar esperanzas de avanzar paso a paso en las profundas verdades reveladas en los Misterios. Esto aparece claramente en sus comentarios sobre la visión de Hermes, en los cuales hace asimismo algunas alusiones sobre los métodos para leer las obras ocultas. "¿No le dio también el Poder que apareció a Hermes en la Visión, en la forma de la Iglesia, el libro que ella deseaba hacer conocer a los elegidos, para que lo transcribiese? y, según él dice, lo transcribió a la letra, sin encontrar el modo de completar las sílabas. Lo que significaba que la Escritura es clara para todos, leída en su sentido vulgar, y que ésta es la fe que ocupa el lugar de los rudimentos. De aquí también el empleo de la expresión figurada "leyendo conforme a la letra", al paso que, según sabemos, la declaración gnóstica de las Escrituras, cuando la fe ha alcanzado una posición avanzada, se halla en la lectura con arreglo a las silabas. . . 

Ahora bien: que el Salvador enseñó a los Apóstoles la interpretación oral de lo escrito (las escrituras) es cosa que también se nos ha transmitido, impreso por el poder de Dios en corazones nuevos, conforme a la renovación del libro. Así, los griegos de mayor reputación dedican el fruto del granado a Hermes, de quien dicen ellos que es lenguaje, por razón de interpretarlo, pues el lenguaje encubre mucho. . . Por tanto, no sólo es tan difícil adquirir la verdad a los que leen sencillamente, sino que, según demuestra la historia de Moisés, aun a los que tienen la prerrogativa de su conocimiento, no les es concedido el contemplarla inmediatamente. Hasta que nos acostumbremos a fijar la mirada, como los hebreos en la gloria de Moisés, y como los profetas de Israel en la visión de los Ángeles, no seremos nosotros capaces de mirar frente a frente los esplendores de la verdad" (31).

Podríamos hacer mayor número de citas, pero bastan las consignadas para dejar establecido el hecho de que San Clemente conocía los Misterios de la Iglesia, habiendo sido iniciado en ellos, y que escribió para instrucción de los que, a su vez, fueren iniciados en los mismos.
El siguiente testigo es su discípulo Orígenes, aquella luz, resplandeciente entre todas, por su sabiduría, su valor, su santidad, su devoción, su mansedumbre y su celo, cuyas obras siguen siendo minas de oro de donde el estudiante puede extraer tesoros de conocimiento.
En su famosa controversia con Celso, los ataques dirigidos al Cristianismo le pusieron en el caso de defender la posición cristiana con frecuentes referencias a las enseñanzas secretas (32).

Había alegado Celso, como punto de ataque, que el Cristianismo era un sistema secreto. Orígenes lo refuta diciendo que, si bien ciertas doctrinas eran secretas, muchas otras eran públicas, y que este sistema de enseñanza, exotérico y esotérico a la vez, adoptado por Cristianismo, era también de uso general entre los filósofos. El lector debe observar en el pasaje que sigue, la diferencia entre la resurrección de Jesús, considerada desde el punto de vista histórico, y el “misterio de la resurrección”:
"Además, puesto que él (Celso) llama frecuentemente a la doctrina cristiana un sistema secreto (de creencias), debemos impugnar este punto también, pues casi todo el mundo está más versado en lo que predican los cristianos que en las opiniones favoritas de los filósofos. Porque, ¿quién hay que ignore la declaración de que Jesús nació de una virgen, y que fue crucificado, y que su resurrección es un artículo de fe para muchos, y que se anuncia la celebración de un juicio general, en el cual los malos serán castigados, conforme lo merezcan, y los buenos serán debidamente recompensados? y, sin embargo, el Misterio de la resurrección, por no ser comprendido, se convierte para los incrédulos en objeto de ludibrio. 

En tales circunstancias, el hablar de la doctrina cristiana como sistema secreto, es del todo absurdo. Mas el que deba haber ciertas doctrinas, no dadas a conocer a la multitud, las cuales son (reveladas) después de enseñadas las exotéricas, no es cosa peculiar del Cristianismo solo, sino que corresponde también a los sistemas filosóficos, en donde unas verdades son exotéricas y otras esotéricas. Algunos de los oyentes de Pitágoras se contentaban con su ipse dixit, mientras que a otros se enseñaba en secreto aquellas doctrinas que no se consideraban propias para ser comunicadas a oídos profanos y no preparados. Por otra parte, no por ser mantenidos en el secreto los Misterios celebrados en toda la Grecia y en los países bárbaros, han sufrido descrédito alguno; así, pues, en vano trata él de calumniar las doctrinas secretas del Cristianismo, dado que no comprende exactamente su naturaleza" (33).

Es imposible negar que en este importante pasaje coloca Orígenes, de un modo claro, los Misterios Cristianos en la misma categoría que los del mundo pagano, y reclama el que no se convierta en asunto de ataque contra el Cristianismo lo que no se considera como un descrédito para otras religiones.

Continuando su polémica con Celso, declara que las enseñanzas secretas de Jesús fueron conservadas en la Iglesia; y al contestar a la comparación que hace Celso de "los Misterios internos de la Iglesia de Dios" con el culto egipcio de los animales, se refiere en particular a las explicaciones que dio aquél a sus discípulos acerca de sus parábolas. "No he hablado todavía de la observancia de todo lo que está escrito en los Evangelios, cada uno de los cuales contiene mucha doctrina difícil de comprender, no solamente para la multitud, sino aun para los más inteligentes, en lo cual hay que incluir una profundísima explicación de las parábolas que Jesús predicó a "los de fuera", de cuyo significado reservaba la exposición completa para aquellos que habían dejado atrás la etapa de la enseñanza esotérica y acudían a él privadamente en la casa. Y cuando se llegue a comprender esto, será de admirar la razón por qué se dice que algunos están "fuera" y otros "en la casa" (34).

Se refiere también con precaución a la "montaña" que ascendió Jesús, de la cual descendió para ayudar a "los que no podían seguirle hasta donde iban sus discípulos" (35). Se aludía a "la Montaña de la Iniciación", frase mística muy conocida, pues Moisés hizo también el tabernáculo con arreglo al modelo "que se le enseñó en la montaña" (36). Más adelante vuelve Orígenes a hacer referencia a lo mismo, al decir que, cuando Jesús estaba en la "Montaña", se mostró en su apariencia real muy diferente de como lo veían los que no podían "seguirle a lo alto" (37).

Del propio modo observa Orígenes en su comentario del Evangelio de Mateo, Cap. XV, y al ocuparse en el episodio de la mujer siro-fenicia: "Y quizá también entre las palabras de Jesús las hay que puedan darse a modo de panes sólo a los más racionales, como a hijos; y otras, cual si fueran mendrugos de la gran casa y de la mesa de los bien nacidos,
que podrán ser empleadas por algunas almas a manera de perros”.

Lamentándose Celso de que los pecadores fuesen llevados al seno de la Iglesia, contesta Orígenes que la Iglesia tenía medicinas para los que estaban enfermos, así como el estudio y el conocimiento de las cosas divinas para los que disfrutaban de salud. A los pecadores se enseñaba a no pecar, y sólo cuando se veía que habían progresado y que se habían "purificado por el Verbo", "entonces, y no antes, los invitamos a participar de nuestros Misterios. Porque nosotros hablamos la sabiduría entre aquellos que son perfectos" (38) .

Los pecadores acuden para curarse: "Pues hay ayudas en la divinidad del Verbo para sanar los enfermos. . . Otras hay también que exhiben a los puros de alma y cuerpo la "revelación del Misterio", que se mantuvo secreto desde el principio del mundo, pero que ahora se ha hecho manifiesto por los escritos de los profetas y por la aparición de nuestro Señor Jesucristo, la cual aparición es patente a todos los perfectos, e ilumina su razón para el verdadero conocimiento de las cosas" (39). Tales apariciones de seres divinos se verificaban, como hemos visto, en los Misterios paganos, y los de la Iglesia tuvieron a su vez iguales gloriosos visitantes. "Dios el Verbo", dice, "fue enviado como médico para los pecadores, y como instructor de los Misterios Divinos para los que están ya purificados y no pecan más (40). "La sabiduría no penetrará en el alma de un hombre bajo, ni morará en un cuerpo sumido en el pecado"; por tanto, estas enseñanzas más elevadas se dan sólo a los "atletas de la piedad y de todas las virtudes."

Los cristianos no admitían a los impuros a este conocimiento, sino que decían: "Quienquiera que tenga manos limpias y, por tanto, eleve a Dios manos santas. . . venga a nosotros. . .quienquiera que esté puro, no sólo de toda suciedad, sino también de lo que se considera como transgresiones menores, sea abiertamente iniciado en los Misterios de Jesús, que sólo se dan a conocer con propiedad a los santos y a los puros." Por esto, antes que empezase la ceremonia de la Iniciación, el Hierofante, que era aquel que actuaba como Iniciador con arreglo a los preceptos de Jesús, hacía la proclamación significativa "a los que han sido purificados en su corazón: Que aquel cuya alma no ha tenido conciencia de mal alguno en mucho tiempo, especialmente desde que se entregó
a la purificación del Verbo, oiga las doctrinas que fueron expuestas por Jesús a Sus discípulos genuinos en privado."

Esta era la entrada en la “iniciación de los sagrados Misterios para los que estaban ya purificados” (41). Sólo éstos podían aprender las realidades de los mundos invisibles; sólo ellos podían entrar en los sagrados recintos, en donde, como antaño, eran ángeles los instructores, y en donde el conocimiento se comunicaba por medio de la vista además de la palabra. Es imposible que deje de llamar la atención la diferencia de tono entre estos cristianos y sus modernos sucesores. Para aquellos, la pureza perfecta de vida, la práctica de la virtud, el cumplimiento de la Ley divina en todos los pormenores de la conducta externa, la completa rectitud eran -lo mismo que para los paganos-, sólo el principio del sendero en lugar del bien. En los tiempos actuales se considera que la religión ha logrado gloriosamente su objeto, cuando ha formado al Santo; en los tiempos primitivos dedicaba sus elevadas energías a los Santos, y cogiendo a los puros de corazón, los conducía a la Visión Beatífica.

De nuevo se hace patente este mismo hecho de la enseñanza secreta, cuando discute Orígenes los argumentos de Celso sobre la cordura de sostener las costumbres de abolengo, que se fundaban en la creencia de que "las diversas partes de la tierra fueron asignadas desde el principio a distintos Espíritus directores, quedando así distribuidas entre ciertos Poderes gobernantes, en cuya forma se llevaba el gobierno del mundo" (42).

Después de censurar Orígenes las deducciones de Celso, prosigue: "Pero como creemos probable que este tratado caerá en manos de algunos de los que están acostumbrados a investigaciones más profundas, nos aventuraremos a exponer algunas consideraciones más hondas, que encierran una perspectiva mística y secreta respecto a la distribución original de las varias partes de la tierra entre diversos Espíritus directores" (43). Dice que Celso no comprendió los motivos más profundos del arreglo de los asuntos terrestres, de los cuales da razón la misma historia de Grecia. Cita luego el Deuteronomio, XXXII, 8-9: "Cuando el Altísimo dividió las naciones, cuando dispersó a los hijos de Adán, estableció los términos de los pueblos conforme al número de los Ángeles de Dios; y la parte del Señor fue su pueblo Jacob, o Israel la cuerda de su heredad." Esta es la versión de los Setenta, no la de la traducción inglesa autorizada, pero es muy significativo que la denominación del "'Señor" se considerara correspondiente sólo al Ángel Gobernador de los judíos, y no al "Altísimo", esto es, a Dios. Este concepto ha desaparecido por ignorancia, y de aquí la impropiedad de muchas declaraciones relativas al "Señor", al ser aplicadas al " Altísimo", como, por ejemplo, la consignada en el libro de los Jueces, I, 19.

Después refiere Orígenes la historia de la Torre de Babel, y continúa diciendo: "Más sobre estos asuntos muy místicos puede decirse, con lo cual tiene relación lo siguiente: "Es conveniente tener secreto de rey", Tobías, XII, 7, a fin de que la doctrina de la entrada de las almas en los cuerpos (no la de la trasmigración de un cuerpo a otro) no pueda ponerse delante de las inteligencias vulgares, ni lo que es santo sea echado a los perros, ni las margaritas a los puercos. Pues tal proceder sería impío y equivalente a hacer traición a las declaraciones misteriosas de la sabiduría de Dios. . . Basta, sin embargo, presentar en la forma de una narración histórica lo que se desea que contenga un significado secreto bajo el ropaje de la historia, para que los que son capaces, puedan
desentrañar por sí mismos lo que se relaciona con el asunto" (44). Luego desarrolla más extensamente el relato de la Torre de Babel y dice: "Ahora bien, si alguno tiene capacidad para ello, entienda que lo que asume la forma de historia, contiene algunas cosas que son literalmente verdad, al paso que encierra un significado más profundo. . ." (45).

Después de esforzarse en demostrar que el "Señor" era más poderoso que los otros Espíritus directores de las diferentes partes del mundo, y que sometió a su pueblo a la penalidad de vivir bajo el dominio de los otros poderes, reclamándolo luego en unión de todas las naciones menos favorecidas que podían ser redimidas, Orígenes concluye diciendo: "Según hemos observado anteriormente, debe entenderse que hacemos estas indicaciones con un significado oculto para señalar el error de los que aseguran. . .” (46) como hizo Celso.

Indica Orígenes que "el objeto del Cristianismo" es que nos hagamos sabios" (47), y luego prosigue: "Si leéis los libros escritos después del tiempo de Jesús, veréis que aquellas multitudes de creyentes que oyen las parábolas, están por decirlo así, "fuera", y sólo son dignas de las doctrinas esotéricas, al paso que los discípulos aprenden en privado la explicación de las parábolas. Pues privadamente mostraba Jesús todas las cosas a sus discípulos, estimando como superiores a la multitud a los que deseaban conocer su sabiduría. Y promete a los que creen en El, enviarles hombres sabios y escribas. . . También Pablo, en el catálogo de "Charismata", suministrado por Dios, colocó en primer término "el Verbo de Sabiduría"; en segundo, como inferior a ella, "la palabra de conocimiento"; mas en tercero, y aun debajo, "la fe". Y como consideraba "el Verbo" superior a los poderes milagrosos, coloca por ende "el obrar milagros" y "los dones curativos" en lugar inferior a los dones del Verbo (48).

El Evangelio ayudaba ciertamente al ignorante, "pero el haber sido educado, el haber estudiado las mejores opiniones y el ser sabio no son impedimentos para el conocimiento de Dios, sino por el contrario, una ayuda" (49). Por lo que hace a los no inteligentes, "trato de hacerlos adelantar cuanto puedo, si bien no desearía construir la comunidad cristiana con semejantes materiales. Pues busco con preferencia a los más hábiles y agudos, porque son capaces de comprender el significado de las sentencias difíciles" (50) . Aquí vemos francamente determinada la antigua idea cristiana de completo acuerdo con las consideraciones expuestas en el Cap. I de este libro. El ignorante tiene puesto en el Cristianismo, mas éste no fue destinado para ellos solamente, sino que tiene también enseñanzas profundas para los "hábiles y agudos."

En consideración a éstos hace un trabajo ímprobo para demostrar que las Escrituras judías y cristianas tienen significados secretos, ocultos bajo el velo de narraciones cuyo sentido externo las hace tan repelentes como absurdas; y así alude a la serpiente y al árbol de la vida y "a las demás declaraciones subsiguientes, las cuales podrían conducir por sí mismas, aún al más cándido lector, a la creencia de que todas estas cosas tienen, no sin razón, un significado alegórico" (51). Destina muchos capítulos a estos significados alegóricos y místicos, ocultos detrás de las palabras del Antiguo y Nuevo Testamento, y declara que Moisés y los egipcios producían historias cuyo sentido era secreto (52). "El que lee ingenuamente las narraciones" -este es el canon general de interpretación de Orígenes- "y desea además prevenirse contra el error a que ellas pudieran inducirle, deberá ejercitar su juicio, tratando de distinguir a qué declaraciones debe prestar su asentimiento, y cuáles debe aceptar en sentido figurado, y procurar descubrir la intención de los autores de tales invenciones, para hacerse cargo de las manifestaciones en que no debe creer, por haber sido escritas para satisfacción de determinadas personalidades solamente. y hemos dicho esto por vía de anticipación a toda la historia referida en los Evangelios acerca de Jesús" (53). Una gran parte de su Libro Cuarto está dedicada a poner en claro las explicaciones místicas de los relatos de las Escrituras. 

El que desee conocer el asunto debe leerlo. En el libro De Principiis expone Orígenes, como enseñanza corriente en la Iglesia, "que las Escrituras fueron redactadas por el Espíritu de Dios, y que tienen, no sólo el sentido que a primera vista parece, sino también otro que se escapa a la observación de la mayor parte de la gente. Pues aquellas palabras que están escritas, son las formas de ciertos Misterios, e imagen de cosas divinas. Respecto de lo cual existe la opinión en toda la Iglesia de que la totalidad de la leyes ciertamente espiritual; pero que el significado espiritual que la ley encierra no es conocido de todos sino sólo de aquellos a quienes es concedida la gracia del Espíritu Santo por medio de la palabra de sabiduría y conocimiento" (54). Los que recuerden lo ya citado, verán en la "palabra sabiduría" y en la "palabra de conocimiento", las dos instrucciones místicas típicas: la espiritual y la intelectual.

En el libro cuarto De Principiis, explica Orígenes a la larga su manera de ver a propósito de la interpretación de la Escritura. Tiene un "cuerpo", que es el sentido común e histórico; un "alma", el sentido figurado que hay que descubrir con el ejercicio del intelecto; y un "espíritu", el significado íntimo y divino, que sólo pueden conocer los que tienen "la mente de Cristo". Considera que se han introducido en la historia cosas incongruentes e imposibles, para estimular al lector inteligente y obligarle a buscar una explicación más profunda, al paso que la gente sencilla continuará leyendo sin apreciar las dificultades (55).

El cardenal Newman, en su libro Arians of the Fourth Century, hace algunas observaciones interesantes sobre la Disciplina Arcani; pero con el escepticismo profundamente arraigado del siglo XIX, no pudo creer por completo en las "riquezas de la gloria del Misterio", o, lo que es más probable, no concibió, ni por un momento, la posibilidad de la existencia de realidades tan espléndidas. Era él, sin embargo, un creyente en Jesús, y las promesas de Jesús fueron claras y definidas: "No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. Aun un poquito de tiempo y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, y vosotros también viviréis.
En ese día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros" (56). La promesa fue ampliamente cumplida, pues El vino a ellos y los instruyó en Sus Misterios; entonces le vieron ellos, aunque el mundo no le vio más, y reconocieron a Cristo en sí mismo y la vida de Cristo como la suya propia.

El cardenal Newman confiesa la existencia de una tradición secreta transmitida por los Apóstoles, pero la cree constituida por las doctrinas cristianas divulgadas más tarde, olvidándose de que aquellos de quienes se había declarado que no eran todavía aptos para recibirla, no eran paganos, ni aun siquiera catecúmenos que estuviesen sometidos a instrucción, sino individuos que comulgaban plenamente dentro de la Iglesia Cristiana. De aquí que declare que esta tradición secreta fue más tarde "autorizadamente divulgada y perpetuada en forma de símbolos", incorporándose la "en los credos de los primitivos Concilios" (57). Pero como las doctrinas de los credos se encuentran claramente expresadas en los Evangelios y en las Epístolas, tal posición es completamente insostenible, pues todas ellas habían sido ya predicadas al mundo en general, y los miembros de la Iglesia estaban ciertamente bien instruidos en todas. Las repetidas declaraciones sobre el secreto pierden, pues, todo sentido, si se las explica de este modo. El cardenal dice, sin embargo, que lo que "no se haya hecho auténtico de este modo, ya se trate de informaciones proféticas, ya de comentarios sobre los pactos hechos por Dios con el hombre, está, por las circunstancias del caso, perdido para la Iglesia" (58). Esto es muy probable, y de hecho mucha verdad en lo que se refiere a la Iglesia, mas no por eso ha de considerarse imposible el adquirir de nuevo su posesión.

Comentando a Ireneo, que en su obra Contra las Herejías sostiene con gran empeño la existencia de una Tradición Apostólica en la Iglesia, el cardenal escribe: "Pasa él luego a hablar de la claridad y evidencia de las tradiciones conservadas en la Iglesia, como informadoras de la verdadera sabiduría de los perfectos de que habla San Pablo, y que los Gnósticos pretendían poseer. Y, a la verdad, aun sin pruebas formales de la existencia de una tradición apostólica y de su autoridad en los tiempos primitivos, es claro que ha debido existir una tradición, dado que los Apóstoles hablaban, y que sus amigos conservaban su recuerdo, como acontece a los demás hombres.

Es de todo punto inconcebible que no se hubiesen considerado en el caso de ordenar la serie de doctrinas reveladas de modo más sistemático que como las consignaron en las Escrituras, desde el momento en que sus convertidos se vieron expuestos a los ataques y falsedades de los herejes, a no ser que les estuviese prohibido hacerlo: suposición que no puede sostenerse.

Sus declaraciones, de tal manera producidas, se habrían conservado seguramente en unión de esas otras verdades secretas, pero menos importantes, a que San Pablo parecía aludir, y que, poco o mucho, reconocen los escritores primitivos, ya sea como concernientes a los tipos de la Iglesia Judía, ya sea como relativas a la suerte futura de la Cristiana. y semejantes recuerdos de la enseñanza apostólica serían evidentemente obligatorios para la fe de los que fueron instruidos en ellos, a menos que se suponga que, aunque provenían de instructores inspirados, no eran de origen divino" (59). En una parte de la sección que trata del método alegórico, escribe, refiriéndose al sacrificio de Isaac, etcétera, como "típico de la revelación del Nuevo Testamento": "Para corroborar esta observación, hay que hacer presente que parece haber habido (60) en la Iglesia una explicación tradicional de estos tipos históricos, proveniente de los Apóstoles pero conservada entre las doctrinas secretas, como peligrosa para la mayor parte de los oyentes; y por cierto que en la Epístola a los hebreos nos ofrece San Pablo un ejemplo de tal tradición, tanto por lo existente como por lo secreto (aunque se demuestre que es de origen judía), cuando deteniéndose primero e inquiriendo la fe de sus hermanos, les comunica, no sin vacilación, el propósito evangélico del relato de Melquisedec, al ser introducido en el libro del Génesis" (61).

Las convulsiones sociales y políticas que acompañaron la muerte del Imperio Romano, comenzaron a trabajar su enorme fábrica, y hasta los cristianos mismos se vieron envueltos en el torbellino de intereses egoístas puestos en lucha. Aún entonces encontramos referencias aisladas de enseñanzas especiales que se transmitían a los jefes e instructores de la Iglesia: conocimiento de las jerarquías celestes, instrucciones dadas por ángeles y otras por el estilo. Pero la falta de discípulos aptos fue causa de que los Misterios dejasen de tener la existencia de una institución conocida del público, y de que la enseñanza se diese cada vez con mayor sigilo a las almas más y más raras que, por su instrucción, devoción y pureza, se mostraban capaces de recibirla. Ya no se encontraban escuelas donde se diesen las enseñanzas preliminares, y con la desaparición
de éstas "se cerró la puerta."

Sin embargo, pueden rastrearse en el Cristianismo dos corrientes, cuyo origen eran los desvanecidos Misterios. Era una la corriente de instrucción mística, que emanaba de la Sabiduría, de la Gnosis, comunicada en los Misterios; la otra era la corriente de contemplación mística que formaba igualmente parte de la Gnosis, y que llevaba al éxtasis, a la visión espiritual. Empero divorciada esta última del conocimiento, rara vez alcanzaba el verdadero éxtasis, y tendía a extraviarse en el tumulto de las' regiones inferiores de los mundos invisibles, o a perderse en medio de la multitud abigarrada de las formas sutiles suprafísicas, asequibles como apariencias objetivas a la visión interna -prematuramente forzada por los ayunos, las vigilias y la atención intensa-, pero nacidas en gran parte de las emociones y pensamientos del vidente. 

Aun cuando las formas observadas no fuesen pensamientos exteriorizados, veíanlas a través de una atmósfera con torcida de ideas y creencias preconcebidas, razón por la cual no ofrecían la debida confianza. Esto no obstante, algunas de las visiones eran realmente de asuntos celestiales; Jesús se aparecía verdaderamente de vez en cuando a sus fervientes adoradores, y en ocasiones los ángeles iluminaban con su presencia las celdas de los monjes de ambos sexos y las soledades de los que se entregaban al arrobamiento y de los que pacientemente buscaban a Dios. El negar la posibilidad de tales hechos sería asestar golpes a la raíz misma de "las más firmes creencias" de todas las religiones, de las cuales también participan, por sus conocimientos, todos los Ocultistas: la comunicación entre los espíritus sumidos en la carne y aquellos otros más sutilmente revestidos; el contacto de mente con mente a través de las barreras de la materia; la manifestación de la Divinidad que anida en el hombre; la certidumbre de una vida más allá de las puertas de la muerte.

Echando una mirada sobre los pasados siglos, no encontramos época alguna en que el Cristianismo haya estado totalmente privado de misterios. "Probablemente hacia el final
del siglo quinto, en los momentos en que la filosofía antigua desaparecía de las escuelas de Atenas, fue cuando la filosofía especulativa del neoplatonismo hizo su morada definitiva en el pensamiento cristiano, mediante las falsificaciones literarias del Pseudo-Dionisio. Las doctrinas del Cristianismo estaban por aquel entonces tan firmemente establecidas, que la Iglesia podía contemplar sin inquietudes cualquiera interpretación mística o simbólica de ellas. El autor de la Theologica Mystica y de las demás obras que llevan el nombre del Areopagita, procede, pues, a desarrollar las doctrinas de Proclo, con muy ligeras modificaciones, dentro de un sistema de Cristianismo esotérico. Dios es el Uno que no tiene nombre, que está sobre toda esencia y aun por encima de la bondad misma. De aquí que la "teología negativa", que sube de la criatura a Dios, abandonando uno tras otro todos los atributos determinados, nos conduzca más cerca de la verdad. La vuelta a Dios es la consumación de todas las cosas y la meta indicada por las enseñanzas cristianas. Estas mismas doctrinas fueron predicadas con más fervor eclesiástico por Máximo el Confesor (580-622). Máximo representa acaso la última actividad especulativa de la Iglesia griega; pero la influencia de los escritos del Pseudo-Dionisio fue transmitida a Occidente en el siglo noveno por Erigena, de cuyo espíritu especulativo toman su origen tanto el escolasticismo como el misticismo de la Edad Media. Erigena tradujo a Dionisio al latín, juntamente con los comentarios de Máximo, y su sistema se funda esencialmente sobre el de aquellos. 

La teología negativa es adoptada, y se declara que Dios es un Ser sin predicados, por encima de todas las categorías, y, por tanto, no impropiamente se le llama Nada (esto es, Ninguna Cosa). De esta Nada o esencia incomprensible surge eternamente la creación del mundo de las ideas o causas primordiales. Este es el Verbo o el Hijo de Dios, en quien existen todas las cosas, en tanto y en cuanto tienen existencia substancial. Toda existencia es una teofanía, y ,así como Dios es principio de todas las cosas, asimismo es su fin. Erigena enseña la restitución de todas las cosas bajo la forma de la adunatio o deificatio de Dionisio.

Estos son los contornos permanentes de lo que puede llamarse la filosofía del misticismo de los tiempos cristianos; y es de notar la poca variación con que son repetidos de una en otra edad" (62).

En el siglo once Bernardo de Clairvaux (1091-1153) y Hugo de San Víctor prosiguieron la tradición mística, así como Ricardo de San Víctor en el siglo siguiente, y San Buenaventura, el Doctor Seráfico, y el gran Santo Tomás de Aquino ( 1227 -1274 ) en el siglo trece. Tomás de Aquino dominó la Europa de la Edad Media, no menos por la fuerza de su carácter que por su sabiduría y piedad. Confirma la "Revelación" como una fuente de conocimiento, de la cual son la tradición y la Escritura los canales por donde discurre; la influencia del Pseudo-Dionisio, notoria en sus escritos, lo liga a los neoplatónicos. La segunda fuente es la Razón, y sus canales, la filosofía platónica y el sistema de Aristóteles: esta última una no buena alianza que hizo el Cristianismo, pues Aristóteles vino a ser un obstáculo para el avance del pensamiento más elevado, como se hizo manifiesto en las luchas de Giordano Bruno el pitagórico. 

Tomás de Aquino fue canonizado en 1323 ; y aun hoy es este gran domínico el tipo de la unión entre la teología y la filosofía, que fue la aspiración de su vida. Todos ellos pertenecen a la gran Iglesia de la Europa Occidental, y sostuvieron el derecho de aquella a ser considerada como transmisora de la sagrada antorcha del saber místico. 

Alrededor de ella surgieron también muchas sectas, calificadas de heréticas, y que profesaban, sin embargo, tradiciones verdaderas de la enseñanza secreta; los Cátaros y otros muchos fueron perseguidos por una Iglesia celosa de su autoridad y temerosa de que las perlas santas cayesen en manos profanas. En el mismo siglo también brilló Santa Isabel de Hungría por su dulzura y pureza, en tanto que Eckhart (1260-1329) da muestras de ser digno heredero de la escuela alejandrina. Eckhart enseñó que "La Deidad suprema es la Esencia absoluta (Wesen), incognoscible, no sólo para el hombre, sino para sí misma; es tinieblas y absoluta indeterminación: Nicht, en contraposición a Icht, o existencia definida incognoscible. Sin embargo, es la potencialidad de todas las cosas; y su naturaleza, a través de un proceso triádico, alcanza la conciencia de sí misma como Dios trino.
La creación no es un acto temporal, sino una necesidad eterna de la naturaleza divina. Eckhart se complace en decir:
"Yo soy tan necesario a Dios, como Dios me es necesario a mí. Dios se conoce y se ama a sí mismo en mi conocimiento y en mi amor" (63).

En el siglo catorce siguieron a Eckhart, Juan Tauler y Nicolás de Basel, "el Amigo de Dios en la Tierra". De ellos tomó origen la Sociedad de los Amigos de Dios, verdaderos
místicos y seguidores de la tradición antigua. Mead hace notar que Tomás de Aquino, Tauler y Eckhart siguieron al Pseudo-Dionisio, quien había seguido a Plotino, Jámblico y Proclo, los cuales habían seguido a su vez a Platón y a Pitágoras (64). Así están eslabonados los secuaces de la Sabiduría de todas las edades. Un "Amigo" fue probablemente el autor de Die Deutsche Theologie, libro de devoción mística que tuvo la curiosa suerte de ser aprobado por Staupitz, el Vicario General de los Agustinos, quien lo recomendó a Lutero, el cual lo aprobó también y lo publicó en 1516, como libro que debía colocarse en lugar inmediato a la Biblia y a los escritos de San Agustín de Hipona. 
Otro "Amigo" fue Ruysbroeck, a cuya influencia con Groot fue debida la fundación de los Hermanos de la Suerte Común o de la Vida Común, sociedad que será por siempre memorable, por contar entre sus miembros a aquel príncipe de los místicos, Tomás de Kempis (1380-1471), el autor de la inmortal Imitación de Cristo.

El aspecto intelectual del misticismo se exhibe en los dos siglos siguientes con más vigor que el estático -tan dominante en aquellas sociedades del siglo catorce- y aparecen el cardenal Nicolás de Cusa, Giordano Bruno, el mártir caballero andante de la filosofía, y Paracelso, el muy calumniado sabio, que derivó sus conocimientos, no de los canales griegos sino de la fuente directa original de Oriente.

El siglo décimo sexto vio nacer a Jacobo Bohme (1575-1624), el "inspirado chapucero", de cierto, un Iniciado en la oscuración, cruelmente perseguido por gentes incultas. Después apareció Santa Teresa, la muy oprimida y paciente mística española, y San Juan de la Cruz, llama viva de intensa devoción, y San Francisco de Sales. Sabia fue Roma al canonizarlos, más sabia sin duda que la Reforma, que persiguió a Bohme; pero el espíritu de la Reforma fue siempre acentuadamente contrario al misticismo: su hálito, como el sirocco, marchitó las hermosas flores del misticismo, por do quiera que pasara.

Roma, que, aunque canonizó a Teresa muerta, viva la fatigó sañudamente, trató de mala manera a Mme. de Guyon (1648-1717), verdadera mística, y a Miguel de Molinos (1627 -1696), digno de figurar al lado de San Juan de la Cruz, el cual mantuvo flagrante en el siglo diecisiete la elevada devoción del místico convertida a una forma especial pasiva: el "Quietismo".

En este mismo siglo se estableció en Cambridge la escuela de los platónicos, entre los cuales figura, como ejemplar notable, Henry More (1614-1687) ; asimismo son dignos de citarse Tomás Vaughan y Roberto Fludd, el Rosacruz. Constituyese también la Sociedad Filadélfica, apareciendo en actividad durante el siglo diez y ocho y William Law (1686-1761) y aun sobrepujando a St. Martin (1743-1803), cuyos escritos han fascinado a tantos espíritus estudiosos del siglo décimonono (65).

No debemos omitir a Christian Rosenkreutz (muerto en 1484), en cuyo nombre se fundó en 1614 la Sociedad mística de la Rosa Cruz, que sostuvo el conocimiento verdadero, y cuyo espíritu renació en el "Conde de San Germain", figura misteriosa que aparece y desaparece entre sombras, iluminada por los relámpagos amenazadores del último tercio del siglo diez y ocho. Místicos fueron también algunos cuáqueros, la muy perseguida secta de los Amigos, que buscaban los fulgores de la Luz Interna y procuraban siempre oír la Voz Intima. Muchos más místicos hubo, "de quien el mundo no fue digno", bien así como la sabía y encantadora Madre Juliana de Norwich, del siglo catorce: joyas de la Cristiandad, muy poco conocidas, pero que justifican al Cristianismo ante el mundo.

Sin embargo, aun guardando todo acatamiento a estos Hijos de la Luz, esparcidos por todas las centurias, nos sentimos forzados a reconocer en ellos la falta de aquella unión de aguda inteligencia y devoción elevada que producía la enseñanza de los Misterios; y mientras nos maravillamos de que hubiesen volado tan alto experimentamos cierto deseo de haber visto cómo se hubiesen desarrollado tan raras dotes bajo la influencia de aquella magnífica disciplina arcani.

Alfonso Luis Constant, más conocido por su pseudónimo de Eliphas Levi, ha expuesto con exactitud la pérdida de los Misterios y la necesidad de su restablecimiento. "Una gran desgracia sucedió al Cristianismo. La traición hecha a los Misterios por los falsos gnósticos -pues los gnósticos, esto es, aquellos que saben, eran los Iniciados del Cristianismo primitivo-, fue causa de que la Gnosis fuese rechazada y de que la Iglesia se hiciese extraña a las supremas verdades de la Kabbala, la cual contiene todos los secretos de la teología trascendental... Vuelvan a ser la ciencia más absoluta y la razón más elevada el patrimonio de los directores del pueblo; empuñen de nuevo el arte sacerdotal y el arte regio el doble cetro de las antiguas iniciaciones, y el mundo social saldrá otra vez del caos. No sigáis arrojando a las llamas las imágenes santas; no destruyáis más los templos: templos e imágenes son necesarios a los hombres; pero echad a los mercaderes de la casa de oración; que los ciegos no continúen siendo guías de los ciegos sino reconstruid la jerarquía de la inteligencia y de la santidad, reconociendo sólo a los que saben como instructores de los que creen" (66) .

¿Volverán las Iglesias actuales a la enseñanza mística, a los Misterios Menores, preparando así a sus hijos para el restablecimiento de los Misterios Mayores, atrayendo de nuevo a los Ángeles como Maestros, y logrando por Hierofante a Jesús, el Instructor Divino? De la contestación a esta pregunta depende el porvenir del Cristianismo.

ANNIE BESANT




Notas del capítulo 3

(1) Vol. I, El Martirio de Ignacio, cap. III. Las traducciones tenidas a la vista son las de la Biblioteca Ante Nicena de Clarke, compendio utilísimo de la antigüedad cristiana.
El número del volumen que aparece en primer término en las citas, es el volumen de esa serie.
(2) Ibid, Epístola de Policarpo, cap. XII.
(3) Ibid, Epístola de Barnabas, cap. I.
(4) Ibid, cap. X.
(5) Ibid, El Martirio de Ignacio, cap. I.
( 6) Ibid, Epístola de Ignacio a los Efesios, cap. III.
(7) Ibid, cap. XII.
(8) lbid, a los Tralianos, cap. V.
(9) Vol. I, a los Fíladelfos, cap. IX.
(10) Vol. IV. Clemente de Alejandría.Stromata, lib. I, cap. I.
(11) Vol. IV, Stromata, lib. I. cap. XXVIII.
(12) ¡Parece que aun en aquellos tiempos había quien hiciese objeciones a la enseñanza secreta de ciertas verdades!
(13) Vol. IV. Stromata, lib. I, cap. I.
(14) Stromata, lib. V, cap. IV.
(15) Ibid, cap. V-IV.
(16) Ibid, cap. IX.
(17) Stromata, lib. V, cap. X.
(18) Lug. cit. XV, 29.
(19) Lug. cit. XVI, 25 y 26. La versión citada difiere en las palabras, pero no en el sentido, de la versión inglesa autorizada.
(20) Stromata, lib. V, cap. X.
(21) Ibid, lib. VI, cap. VII.
(22) Ibid, lib. VII, cap. XIV.
(23) Stromata, lib. VI, cap. XV.
(24) Ibid. lib. VI. X.
(25) Ibid, lib. VI, VII.
(26) Lug. cit., lib. I. cap. VI.
(27) Ibid, cap. IX.
(28) Ibid, lib. VI, cap. X.
(29) Ibid. lib. I. cap. XIII.
(30) Vol. XII, Stromata, lib. V, cap. IV.
(31) Vol. XII, Stromata, lib. VI, cap. XV.
(32) El libro I. Origen Against Celsus, se encuentra en el vol. X de la Biblioteca Ante Nicena. Los libros restantes está en el volumen XXIII.
(33) Vol. X, Origen Against Celsus, lib. I, cap. VII.
(34) Ibid.
(35) Ibid.
(36) Ex. XXV, 40, XXVI, 30 y compárese en Heb. VIII, 5 y IX, 23.
(37) Origen Against Celsus. lib. IV, cap. XVI.
(38) Ibid, lib. III, cap. UX.
(39) Ibid, cap. LXI.
(40) Ibid, cap. LXII.
(41) Origen Against Celsus, cap. LX.
(42) Vol. XXIII, Origen Against Celsus, lib. V, cap. XXV.
(43) Ibid, cap., XXVIII.
(44) Origen Against Celsus, cap. XXIX.
(45) Ibid, XX, XI.
(46) lbid, cap. XXXII.
(47) lbid, cap. XLV.
(48) lbid, cap. XL VI.
(49) lbid, caps. XL VII-LIV ,
(50) Origen Against Celsus, cap. LXXIV.
(51) Ibid, lib. IV, cap. XXXIX.
(52) Ibid, Vol. X, lib. I, cap. XVII y otros.
(53) Ibid, cap. XLII.
(54) Vol. X, De Principiis. Prefacio, pág. 8.
(55) Ibid, cap. I.
(56) San Juan, XIV, 18-20.
(57) Lugar cit., cap. I, sec. III, pág. 55.
(58) Ibid, cap. I. sec. III, págs. 55-56.
(59) Lugar cit., cap. I, págs. 54-55.
(60) “Parece haber habido” es una expresión un tanto débil, después de lo dicho por Clemente y Orígenes, de lo cual se ha dado en el texto algunos ejemplos.
(61) Lugar cit.,.pág. 62.
(62) Artículo sobre “Misticismo” – Enciclopedia Británica
(63) Artículo citado - Enciclopedia Británica
(64) Orpheus, págs. 53 y 54.
(65) Debemos consignar aquí nuestro reconocimiento por el artícu1o de la Encyc. Brit. titulado "Misticismo", aunque esta publicación no salga responsable de las opiniones expresadas en ella.
(66) The Mysteries of Magic, trad. por A. E. Waite, páginas 58 y 60.

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