G. R. S. Mead
Hasta hace poco el
estudio del Gnosticismo era tratado exclusivamente como un departamento de la herejía
o, en la mejor hipótesis, como la historia de la Iglesia primitiva.
El
término ha sido generalmente adoptado para denominar un amplio movimiento
herético – en formas muy variadas, pero de una tendencia característica
–exclusivamente dentro de las fronteras del naciente Cristianismo y en
desenvolvimiento. En los últimos años, no obstante, fue demostrado, por
diferentes líneas de investigaciones convergentes (2), que la noción de Gnosis,
en sus elementos esenciales, era ampliamente difundida antes de la aparición
del Cristianismo, principalmente entre los cultos de los Misterios helénicos y
de las comunidades místicas, o en las formas de religión personal en donde los
elementos orientales y griegos eran mezclados. Movimientos de esta naturaleza,
guardando como tesoro una Gnosis interior, continuaron existiendo
paralelamente, pero enteramente independientes de la Iglesia en expansión en
los tres primeros siglos.
El
Gnosticismo, entonces, no solo debería ser considerado simplemente como el
nombre de una rama dentro de la Iglesia original. La Gnosis fue un fenómeno
religioso mucho más ampliamente difundido y debería ser tratado como un
elemento característico de la historia general de la religión. Lo que fue
anteriormente llamado Gnosticismo es visto, de esa forma, como solo un
departamento, aunque un departamento importante, de la historia de la Gnosis.
Sería preferible que fuese referido como la Gnosis cristianizada, o como la
Gnosis cristiana, aunque este último término puede ser reservado especialmente
para las opiniones de Clemente de Alejandría o de Orígenes.
Como
un todo, el Gnosticismo debe considerarse dentro de la historia general de la
religión, pues incluso sin llegar muy lejos, en dirección a oriente, y sin acompañar
el asunto más allá de los primeros tres siglos de nuestra era, como podríamos
hacer, podemos indicar movimientos semejantes en las religiones egipcias,
frigias, judías, cristianas, y volviendo todavía más atrás, en las doctrinas
persas y las coetáneas tradiciones astronómicas de los caldeos o babilónicos más
recientes, con su riqueza de mitología y teología astrales.
Entonces,
¿qué es, en esencia, el Gnosticismo? ¿Cuál es el significado más característico
de la Gnosis? Hasta entonces, en la mayor parte de los casos, ha sido dada una
interpretación arbitraria para estos términos, basada en la mejor de las
hipótesis, en juzgamientos subjetivos de valor. Se ha dicho: Gnosis significa
conocimiento. Por lo tanto los Gnósticos son, como máximo, filósofos
religiosos. Lo que no se encuadra en esta definición ha sido rechazado como no
pertinente al Gnosticismo.
No
obstante, la palabra “Gnosis” se había tornado, hace mucho tiempo, un término técnico
y su significado debe ser establecido a partir de su utilización en aquella época.
Lejos de significar filosofía, en el sentido actual (3) en que
generalmente usamos esta palabra, o
incluso filosofía religiosa, en verdad denotaba lo opuesto de esto. O sea, para
usar la definición de Reitzenstein:
“Conocimiento
inmediato de los Misterios de Dios, recibido por medio de la relación directa
con la Divinidad… Misterios que deben permanecer ocultos al hombre normal, un
conocimiento que ejercita, al mismo tiempo, una reacción decidida en nuestro
relacionamiento con Dios y también con nuestra propia naturaleza o
disposición.”
Los
grupos y sistemas difieren entre sí, y difieren mucho. Entre tanto, la concepción
general de la Gnosis permanece igual. Está basada fundamentalmente en la
revelación o visión apocalíptica. Esta revelación, sin embargo, tenía
esencialmente un sentido vital más que una naturaleza formal, pues había una
gran libertad de adaptación e interpretación del simbolismo formal.
Así,
verificamos que en el Gnosticismo característico cada discípulo puede hacer
siempre complementaciones y transformaciones de las enseñanzas de su maestro,
de manera que refinadas nociones populares primitivas, juntamente con las
visiones fantasiosas más personales, comprendían estas enseñanzas, de la misma
forma como las creencias de los Misterios orientales y las concepciones mágicas
cambian de ropaje con la filosofía griega.
Antes
de lidiar en más detalle con el significado de la Gnosis en sus aspectos más elevados,
fuera de los límites de la cristiandad, puede ser útil resumir lo que
Liechtenhan (4) ha dicho sobre su significado entre sus partidarios dentro de
las fronteras del Cristianismo. Él menciona que, por Gnosis, usualmente
comprendemos el conocimiento especulativo, en el sentido de una explicación
correcta del mundo – en resumen, filosofía.
Es
verdad que la búsqueda de los Gnósticos era, esencialmente, también una
tentativa de explicación de los procesos
del mundo. No obstante, tal explicación, no era una interpretación a ser
descubierta simplemente por si mismos. Ellos no la procuraban usando su
intelecto sin ayuda, sino por medio de
competentes revelaciones de naturaleza religiosa. De esa forma ellos se
establecieron como filósofos en contraste con los “piadosos” (5) – ellos
también eran piadosos, religiosos. Solo que, en general, indagaban su religión
en combinación con el conocimiento de los procesos del mundo, en el sentido de
la “gnosis sobre quienes fuimos y en que nos tornamos, de donde vinimos y adonde
fuimos a parar, hacia donde nos dirigimos y donde somos redimidos; lo que es la
generación y lo que es la regeneración”, como formulan los Extractos de Theodotus,
publicados por Clemente de Alejandría (6)
Por
lo tanto, el objetivo de sus investigaciones no eran solamente la Gnosis del
mundo, sino también la Gnosis de salvación, como, de hecho, queda manifestado
abundantemente, por todos lados, tanto dentro como fuera de la cristiandad.
Ellos,
continúa Liechtenhan, no querían la filosofía más allá de la religión, o
paralela a ella; su única búsqueda era la religión en su perfección o
consumación. Esto significaba para ellos el empleo de la mente espiritual en
los asuntos más elevados correspondientes a ella, su ocupación con la esencia espiritual y la fuente de la realidad, de la
actualidad, con lo puro, lo eterno, lo ilimitado. La característica de esta
religión era que sus seguidores no esperaban entrar en comunión con lo más
elevado solamente por el esfuerzo moral y por la fe en Dios, sino también por
medio del pensamiento, conocimiento, imaginación, sentimiento. Y era
precisamente en la Gnosis que ellos veían la función más elevada de la
religión.
No
obstante, debemos llegar a la conclusión contra la interpretación del
pensamiento puro que surge del raciocinio del intelecto, pues, si los Gnósticos
se posicionaran contra el mundo, no como filósofos, sino en el doble sentido de
ser conocedores y espirituales, debemos preguntarnos sobre la Gnosis como un
asunto del mundo espiritual o que el órgano de este forma de conocer es
precisamente el espíritu. Si, más allá de eso, el propio espíritu, como una
sustancia o esencia del mundo inmaterial, es el órgano para la comprensión de
aquél mundo, entonces la función característica de la Gnosis no es nada más que
la comprensión de las cosas de aquel mundo supra- sensible; y finalmente, si
este mundo invisible es inaccesible para nosotros en nuestro estado natural
normal y solo se puede abrir a nosotros por la revelación, entonces el conocimiento
espiritual o Gnosis tiene como objetivo nada más que la revelación.
Se
sigue que la posición de la Gnosis
significa la habilidad para recibir y comprender la revelación. El verdadero
Gnóstico es aquel que conoce la revelación interior u oculta desvelada y que también
comprende la revelación exterior o pública velada. Él no es alguien que
descubrió la verdad por medio de su propia desamparada reflexión, sino alguien a
quien las manifestaciones del mundo interior fueron mostradas y se tornaran
inteligibles.
Resumiendo,
lo que Liechtenhan considera, y con razón, como la principal característica de
la Gnosis cristianizada es la revelación. Es verdad que la Gnosis, para la
mayoría, es igual a revelación; pero el objeto de esta revelación no es
simplemente el mundo espiritual, interior, invisible, inmaterial o
supra-sensible. Esto, como veremos, es el principio y no el fin de la Gnosis, que sea cristianizada
o no.
Antes
del Cristianismo, ya sea durante el desenvolvimiento de la iglesia de los
primeros tres siglos, la idea de Gnosis, como ya sea ha dicho, estaba bien
diseminada. Esta principal característica de la religión oriental influenció
fuertemente no solo a las religiones helenísticas directamente sino al mundo
griego indirectamente, además también al pensamiento general de occidente en
los primeros siglos del Imperio Romano. Escribiendo sobre la influencia de las
religiones orientales en el paganismo romano, Cumont nos dice:
“De
forma general, existía la convicción persistente de que la redención y la
salvación dependían de la revelación de ciertas verdades, del conocimiento de
los dioses, del mundo y de nuestra propia personalidad; la religiosidad se
tornó Gnosis”
Sin
embargo, para descubrir lo que la Gnosis significaba para sus mejores
partidarios en el mundo no cristiano, debemos volver a los escritos de los
antiguos místicos y dejarlos que hablen por sí mismos. La Gnosis es
necesariamente Gnosis de algo – ¿pero de
qué? - Es idéntica a la respuesta dada tanto por la grandiosa literatura
trismegística como por los populares Papiros de Magia, si bien como, de hecho, por la mayoría de
nuestras fuentes: definitivamente ella es la Gnosis de Dios.
Gnosis
no es conocimiento intelectual. En verdad, es concebida como poder o virtud. En
este particular puede ser relevante notar que uno de sus sinónimos es la fe,
como éste término es usado en la teología helenística. Así en la inscripción
del místico frigio Aberkios, leemos (V.12): “la fe fue siempre mi guía y en todos
los momentos me proporcionó sustento”. También el místico de Isis, Apuleyo, nos
dice que, después de su segunda iniciación, él estaba ‘pleno de fe’ y
“constante en el servicio divino y en la verdadera religión.” (XI. 28)
Los
Papiros de Magia personifican la fe y se refieren al ‘Círculo de la Verdad y de
la Fe’, aparentemente fue igualado con la famosa ‘Planicie de la Verdad’ de
Platón, que tipifica el estado espiritual – tal como es explicado, realmente,
tanto por los herméticos como por Plotino, en un sentido que posibilita
compararla con el tercer cielo de Paulo. De acuerdo con la escuela
trismegística, la fe es la comprensión o percepción espiritual; y la virtud o
poder de la mente espiritual, que dicen, encuentra su soporte en la ‘recta fe’
(7) de la Gnosis.
De
hecho, también en la Gnosis cristianizada, antes de la escuela de Valentino, fe
y Gnosis parecen haber sido términos sinónimos. Más tarde, no obstante, una
nítida distinción fue demarcada entre ellas debido a la controversia teológica.
Si
en la literatura trismegística, o tradición del Tres veces grande Hermes, la
Gnosis es llamada la ‘Religion de la Mente’, la Mente debe ser comprendida como
la Mente Divina o Espíritu. Pues, en la misma tradición, la Gnosis es también
señalada como el ‘único amor de Dios’, la ‘verdadera filosofía’ o ‘amor a la
sabiduría’, lo que también abarca, es verdad, la ciencia de la naturaleza y del
hombre, como en la mayor ‘parte de las formas de elevado misticismo’. No
obstante, esta sabiduría también es caracterizada como ‘adoracion’, aunque
no en el sentido de un culto externo,
sino como una devoción interior o alabanza al espíritu. ‘Devoción y Gnosis de
Dios’ (8), pues “las simientes de Dios, es verdad, son pocas, aunque vastas,
correctas y buenas son la virtud y el autocontrol, la devoción” (Corpus
Hermeticum (9), IX. 4)
La
Mente Divina es también llamada el Pastor de los Hombres, o Poimandres, y
también Amor Divino (Sermón Perfecto (10), I). Para que
seamos conocedores debemos ser amantes, debemos tener “el amor único, el amor a
la sabiduría-amorosa, que consiste en la Gnosis de la Divinidad únicamente – la
práctica de la contemplación perpetua y de la piedad sagrada” (Sermón
Perfecto, XII). La Gnosis de la Mente es de naturaleza espiritual, pues
es operada por el principio espiritual en el hombre: “Esta es, mi hijo, la
Gnosis de la Mente, la visión de las cosas divinas; ella es la Gnosis de Dios,
pues la Mente es de Dios” (C. H., IV. 6)
En
el hermetismo, Gnosis es lo más elevado, o mejor, la síntesis de las siete
virtudes o poderes espirituales. Las siete virtudes se describen como: Gnosis,
contentamiento, autocontrol (temperancia), moderación, rectitud, comunión con
todo y verdad. Más allá de éstas vienen la tríada de Vida, Luz y Bien,
completando las diez, o el número ‘perfecto’ (C. H., XII. 8-9)
El
‘fin’ o ‘perfección’ de toda esta disciplina era ‘conocer a Dios’, que es
esencialmente Aquél ‘que quiere ser conocido y es conocido por los Suyos’,
Gnosis no es conocimiento respecto a alguna cosa, sino contacto directo o
comunión, el conocimiento, en el sentido de familiaridad inmediata con la
divinidad. Y, de esa forma, en la alabanza que apropiadamente concluye El
Tratado Sobre la Perfección, leemos:
“Damos
gracias a Ti, OH Ser Más Elevado, pues por Tu gracia recibimos la luz de la Gnosis. El Nombre inefable, en lugar
del cual, en nuestra adoración, usamos la apelación ‘Dios’ y, en nuestro
agradecimiento nos dirigimos como ‘Padre’, pues Tú demostraste a todos nosotros
– hombres y mujeres – una buena voluntad paternal, afecto, amor y, en una
actitud extremadamente dulce, por benevolencia, nos dotaste de mente, razón y
Gnosis – mente para que podamos conocer-TE, razón para que podamos estimar Tu
valor y Gnosis para que al reconocer-TE podamos regocijarnos.
“Nos
tornamos completos por Ti, ahora nos regocijamos que Tú Te mostraste
enteramente a nosotros, nos regocijamos que Tú, por la visión de Ti mismo, nos
tornaste dioses a pesar de andar en cuerpo. Conocer Tu grandeza es, para el
hombre, la bienaventuranza que lleva a Dios. Alcanzamos la Gnosis (de Ti), OH
Luz, luz sensible sometida a la inteligencia; a la Gnosis (de Ti), OH Vida, vida de toda la
vida humana; la Gnosis (de Ti), OH Útero fecundo de todos (que han renacido);
la Gnosis (de Ti), OH Tu eterna Permanencia de aquella fecundidad inherente a
la generación de paternidad.
“Por
este motivo, en nuestra adoración a Ti, no ansiamos ninguna otra recompensa que
Tu bondad, a no ser que Tu condesciendas a mantenernos en la Gnosis (de Ti
mismo), cuando hayas orado para que no nos permitas caer de esta vida elevada
de santidad.”
Es
bastante evidente en estos pasajes que Gnosis es una dádiva, una gracia del
espíritu; por eso, aún cuando la dádiva sea de Dios, su luz podría pasar más
adelante, pues el espíritu vive para dedicar. “Cúbreme con Tu poder y con esta
Tu gracia, para que yo pueda dar la luz a los que viven en la ignorancia” (C. H.,
I. 32) – así reza el suplicante por la Gnosis.
También
es evidente que la mente es la mente espiritual intuitiva, la contraparte
humana de aquélla Mente o Mónada (11) Divina en la cual debemos ser sumergidos o bautizados, de
acuerdo con la doctrina del tratado llamado The Cup (El Cáliz),
y que la concepción entera de la Gnosis es debida a la religión y no a la filosofía.
La salvación por la Gnosis es tornarse entero, es completarse o llenarse
espiritualmente, de la naturaleza de la apoteosis o tesis, esto es, de la
transfiguración de la vida de separación para la vida divina auto-suficiente.
En
la literatura trismegística, ‘aquellos que están en la Gnosis’ son contrastados
con los hombres de mundo, por los cuales dicen que son “ridiculizados, odiados
y hasta incluso llevados a la muerte” (C. H., IX. 4). Aunque, en todas
estas tribulaciones, los que son piadosos son sustentados por la conciencia de
la Gnosis. No solo esto, sino para la persona que está realmente en ‘la Gnosis’:
…
“todas las cosas, aunque sean ruines para los demás, son buenas para él; y además,
cada intriga contra sí mismo, él la traduce hacia el plano de la Gnosis y
solamente él transmuta todos los males en beneficios.” (C.H., IX. 4)
Dicen
que esta conciencia espiritual es iniciada por una iluminación, que
generalmente ocurre en una visión, pero de una naturaleza viva e inteligible.
El iluminador es el Logos, la Luz de Dios, tanto para nosotros ‘suplicantes trismegísticos’,
como para los terapeutas de Philo (12), o los suplicantes, como también él los
llamaba. Por ejemplo, encontramos ese místico y platonista judío alejandrino escribiendo:
“’Pues
el Señor es Mi Luz y Mi Salvador’, tal
como es cantado en los himnos [o
sea en los salmos].
Él no solo es luz, sino el arquetipo de todas las otras luces; en
verdad, si bien más antiguo y sublime que el modelo arquetípico [de todas las luces], ya que este último es Su
Palabra (Lagos). Pues el modelo universal es Su Palabra plena, la Luz, mientras
que Él mismo es como nada para las cosas creadas.” (De Som. § 13).
La
iluminación es algo completo, una conclusión, una plenitud (pleroma),
como la frase de Filón sugiere encima: ‘su Palabra plena’. Y así exclama el
autor de Poimandres:
“Tu
nos llenaste de plenitud, OH Padre, con la visión del bien y de la rectitud;
con un tal espectáculo que el ojo de mi mente quedó enteramente pleno de
reverencia.” (C. H., X. 4)
Y
de esa forma, también en el tratado sobre el renacimiento, el suplicante ora:
“Y ahora me completas con las cosas que faltan en mi”. (C. H., XIII. 1)
La
visión del Bien, en forma de Belleza de la Luz Inmortal, sobreviene,
inicialmente, en arrebato, en elevación o éxtasis del sentido corporal. Para
absorber profundamente la visión, el hombre de mundo debe estar totalmente
sereno.
“Pues
tu podrás verla cuando no puedas decir ninguna palabra al respecto. Porque la
Gnosis y la visión del Bien es el silencio sagrado, dando descanso a todos los
sentidos. Pues aquel que la percibe no puede percibir nada más, ni tampoco
aquel que la contempla puede tener visón de nada más, o bien oír cualquier otra
cosa, o mover cualquier parte de su cuerpo. Desligado de cualquier sentido o
movimiento de su cuerpo, él permanece inmóvil.
“Entonces,
bañando toda su mente en luz [o
bautismo místico],
ella ilumina también toda su alma, se eleva a través del cuerpo y transmuta todo
en sí en el ser esencial. Pues es imposible, mi hijo, que el alma pueda
tornarse divina por la visión de la Belleza de Dios cuando está en el cuerpo de
un hombre; ella debe ser separada de su cuerpo y transformada, tornándose
divina.” (C.H., X. 5, 6). (13)
De
acuerdo con la creencia de los místicos, la Gnosis era accionada por medio de
una transformación esencial o transmutación, llevando a una transfiguración.
Primeramente, había un ‘pasaje a través de sí mismo’, una muerte mística y,
‘finalmente, un renacimiento en la naturaleza del ser espiritual de un dios.
Sin
duda, en los círculos internos de los místicos, el principal interés estaba en
esta apoteosis o transfiguración efectuada por medio de la Gnosis o de la
visión de Dios. Se creía que el alma humana separada era transmutada en una naturaleza
o esencia que era espiritual (14) o angélica. Muchos pasajes podrían ser
citados de numerosas tradiciones para ilustrar esta idea central, aunque
consideraciones de espacio nos restringen a una única citación de Philo, que escribe en su Vida de Moisés
(III.39).
“Él
(Moisés) estaba presto a navegar hacia el cielo y, abandonando la vida de
muerte, para ser transformado en la vida inmortal; pues él había sido llamado
por Dios, el Padre, que lo estaba transformando de una díada, alma y cuerpo, en
la naturaleza de la mónada que trasciende todos los elementos, restaurándolo en
un todo a través de la totalidad en la mente más gloriosa como el sol.”
Los
iluminati (15) poimandristas o trismegísticos, se refieren precisamente
a la misma cosa cuando dicen:
“Es
por la transmutación en daemons [o sea, espíritus o ángeles] que las almas
poseen la fuente de la inmortalidad y, así, danzan otra vez en el coral de los
dioses (o se juntan en la danza del coral de los dioses)” “y esta es la más
perfecta gloria del alma.” (C. H., XIII. 7)
Todo
eso estaba relacionado a la doctrina de la unión espiritual o ‘casamiento
sagrado’, como era llamado – un asunto que demandaría por sí solo un artículo
para presentar simplemente un esbozo - y
la transformación efectuada de esta forma era considerada como el nacimiento de
una nueva criatura. Era esa transmutación substancial en un ser espiritual que
tornaba posible la Gnosis, confiriendo el poder de la visión divina por medio
del sentido unitario de la inteligencia. La nueva conciencia era concebida como
resultado de la impregnación del ser interior, así decían ellos, por los rayos,
emanaciones, efluvios o influencias de esplendor divino. En un sentido ético,
esas simientes eran, como ya vimos, virtud, autocontrol, devoción y, en
general, el conjunto de las virtudes.
El
‘final feliz’ de aquellos que colocaban sus pies en la senda de la Gnosis era,
por lo tanto, “tornarse en dioses” (C. H., I. 26). Este ‘fin’ o
‘perfeccionamiento’ es un término técnico de los misterios, o locus
classicus que Reitzenstein ya encuentra firmemente establecido en el
Banquete de Platón (210 E)
“Aquél
que fue instruido hasta este punto en los Misterios del Amor, por la
sucesiva contemplación recta de cosas
bellas, si fuera hasta el derrotero ‘final’ de esta iniciación, tendrá la
visión de una Belleza cuya naturaleza maravillosa (o sea, Belleza absoluta,
simple y duradera, que sin disminuir y sin aumentar y sin ningún cambio, es concedida a la belleza mudable de
todas las cosas). Aquel que asciende más allá de estas bellezas y, bajo la
influencia del verdadero amor, comenzar a tener la visión de aquella Belleza,
casi llegó al ‘fin’.” (211 B)
El
fin supremo o perfección es la unión con el Bien o con Dios. El principio es la
visión del proceso de creación, de cómo el mundo viene a la existencia. Tales
visiones pueden parecer bastante fútiles para las mentes modernas inmersas en
la investigación física, para quien las nociones cosmológicas de la antigüedad,
sin excepción, son tenidas como sueños de niños.
No
obstante, se debe recordar que esos místicos creían que la propia sustancia de
su ser debía ser transmutada o ‘volverse cósmica’ y que, consecuentemente, ella
tenía que pasar por perfeccionamientos de reforma semejantes a los estados por
los cuales ellos imaginaban que la materia del mundo, o el alma del mundo, había
pasado en su formación o acto de originarse. Y que aquello que estaba sucediendo
en ellos les era mostrado en visiones, como una proyección en la pantalla
cósmica, como si fuera la formación de un mundo. El interés de ellos en la
cosmogonía era, por lo tanto, personal. Conforme a sus nociones, tenía que
haber una ‘formación de acuerdo con la sustancia’, antes que la ‘formación de
acuerdo con la Gnosis’ pudiese ocurrir. Por eso, verificamos que, en el primer
tratado de Corpus Hermeticum, en el famoso documento Poimandres o Pastor de Hombres,
la exigencia del futuro iniciado era:
“Desearía
aprender al respecto de las cosas existentes y comprender su naturaleza [o sea,
el origen y desenvolvimiento del mundo] y de conocer a Dios.” (C.H., I. 3)
Y
después de haberle sido mostrada la visión del orden del mundo y del proceso
del mundo, el Iniciador, la Mente Divina, informa al contemplado: “Te fue
enseñada la naturaleza del universo, en sí, la mayor visión” (ibid.
27)
Percibir
la naturaleza del mundo, no obstante, no es el fin, sino el comienzo de la
senda de perfección; y es bien natural, pues ésta tiene que ver con los
orígenes y no con las últimas etapas. Esto es visto muy claramente en la así
llamada liturgia de Mitra, en que el ‘cuerpo perfecto’ tiene que ‘formarse’
inicialmente de elementos puros, antes que los místicos puedan acceder a la
visión.
Aunque, si
hablamos de principios con relación al proceso universal, no debemos olvidar
que estos son solamente principios para nosotros y no de la propia realidad,
que no tiene principio ni fin. Esto está admirablemente indicado en la
tradición de Trismegisto, como sigue:
“Pues
para el Bien no hay otro margen, no hay límites, no tiene fin y, por sí mismo
también no tiene principio, aunque para nosotros parezca tener uno – la
Gnosis-”. “Por lo tanto, para él la Gnosis no es el comienzo, sino que ella nos
permite conocer el primer principio.” (C.H., IV. 8,9)
La
visión de la naturaleza del mundo está generalmente referida simbólicamente
como la contemplación del típico imaginario Makroanthropos u Hombre Cósmico,
de quien el hombre era considerado esencialmente una imagen.
“Si
tú OH, vistes a través de las cosas que pasan por la muerte, tanto en la tierra
como en la profundidad, piensas acerca del hombre que ha sido creado en un
útero, mi hijo, escudriñes estrictamente el arte de Aquél que lo concibió y te
instruyes de que quien forjó esta justa
y buena imagen del Hombre.” (C.H., V.6)
Esta
doctrina del principio y del fin de la Gnosis está bien indicada en la famosa
fórmula del Documento Naasseno (16) cristianizado, citado por Hipólito
(17): “El principio de la Perfección es la Gnosis del Hombre, aunque la Gnosis
de Dios es la Perfección perfeccionada.”
El
perfeccionamiento es un término técnico para el desenvolvimiento en la Gnosis,
siendo el Gnóstico realizado conocido como el ‘perfecto’. El principio, o la
iniciación en esta supra-conciencia, era tomado como una visión cósmica del Hombre
Celestial, esto es, no del Supremo como absoluto, sino del Cuerpo Universal;
solamente el fin o consumación era la
unión con la Divinidad.
No
obstante, la visión de que el mundo solamente podía ser disfrutado si el
iniciado ya fuese purificado para tener, dentro de él, como si fuera un núcleo
de elementos puros para comenzar o iniciar la formación de su nuevo ‘cuerpo
perfecto’, como está tan bien descrito en la así llamada liturgia de Mitra.
Después de esto, se sigue simplemente con el ‘reconocimiento de sí mismo como
inmune a la muerte o inmortal, de acuerdo con la afirmación trismegística: “Aquél
que sabe que retornó a Dios”.
En este
particular puede ser de interés citar, del capítulo que concluye el gran
trabajo de Hipólito contra los Gnósticos, un pasaje que con negligencia muestra
como el Padre de la Iglesia, a pesar de detestar sus enseñanzas generales, fue
fuertemente influenciado por esta doctrina central de la Gnosis. En su
“Epílogo”, en cuanto establecía lo que llamó la ‘Doctrina de la Verdad’
contrastada con lo que consideraba como las ‘Doctrinas del Error’, Hipólito
escribe:
“Y
tendrás tu cuerpo inmortal y libre de toda corrupción juntamente con tu alma…;
te unirás con Dios… Pues ahora te tornaste un
dios… Y todas las cosas que asisten a Dios, éstas que Dios prometió
conferirte; pues te tornaste dios,
naciste inmortal. Esto significa ‘Conócete a ti mismo’ – conociendo a Aquél que te tornó en un dios.”
En
cuanto a este cuerpo inmortal o espiritual, la creencia general de todos los
místicos era la de que en un cuerpo humano había, por así decir, la
potencialidad de un cuerpo cósmico, un cuerpo de totalidad. Por eso, en una de
las premisas de los misterios trismegísticos, encontramos la petición: “OH,
todo en nosotros, OH, Vida, tórnanos integro; OH, Luz, iluminadnos; OH, Dios,
inspiradnos”. (C.H., XIII. 19).
Ese
‘todo’ es el nuevo cuerpo inmortal, el cuerpo de la resurrección. Vida, Luz y
Dios son el Alma, la Mente y el Espíritu Divinos, que deben completarse en la
Gnosis. La expansión de la Gnosis debe operar una transformación en el ser –
vivificación, iluminación, inspiración. Dios como Espíritu, nos transmuta en espíritu; como Luz, Él nos
glorifica, nos irradia para que nos tornemos gloriosos; y, como Vida, nos
confiere inmortalidad. La consumación debe ser una totalidad o ser eónico de
esplendor inmortal espiritual.
Aunque
sea verdad que exista algo de una naturaleza absoluta al respecto de esta ‘luz
de la Gnosis’, pues ella es esencialmente espiritual e inmediata, la Gnosis
también está frecuentemente descrita como una ‘senda’, una ‘ascensión’ gradual.
En sus concepciones más elevadas, mientras tanto, esta senda no es una ‘jornada
celestial’ psíquica; sino al contrario, es un camino espiritual inmediato que
se abre en cualquier aspecto de la vida. No es necesario ‘dejar el mundo’ para
encontrarlo, excepto en el sentido de sacar fuera de nosotros el ‘vicio
supremo’ o ‘el mayor mal’ que, en contraste con la suprema virtud de la Gnosis,
es llamado ignorancia de Dios, en el sentido de una fuerza positiva de
negligencia del propósito divino. Es una cuestión de ‘arrepentimiento’, pero en
el sentido espiritual de un volver de toda la naturaleza, esto es, de toda la
voluntad de ser colocada en dirección al Bien.
“Aunque,
para ser capaz de conocer el Bien: desear, aspirar, es un camino directo a la
senda del propio Bien, llevando fácilmente hasta allá. Si tú simplemente
colocares tu pie en este camino, él te encontrará en todas partes, será visto
en todas partes, donde y cuando no lo esperes – despierto, dormido, navegando,
viajando, de noche, de día, hablando o no diciendo nada. Pues no hay nada que
no sea la imagen del Bien.” (C. H., XI, 21)
Este
camino del retorno está simbolizado indiferentemente como una senda, un viaje,
o la subida a una montaña. Que la Gnosis era esencialmente religiosa o
espiritual y no intelectual, ya fue plenamente establecido, sino que puede ser
confirmado con la autoridad por la siguiente declaración categórica con
referencia a la visión de la Belleza y del Bien: “Solo hay una forma que lleva
a él: devoción juntamente con Gnosis” (C. H., VI. 5)
La
entrada en la senda de la Gnosis es llamada ‘volver a casa’. Como vimos, es un
retorno, un virar a las costas del mundo, un arrepentimiento de toda
naturaleza: “Nosotros debemos volver hacia el viejo, el viejo camino” (C. H.,
IV. 9)
Ingresar
en la Gnosis es un despertar del sueño y de la ignorancia de Dios, de la
embriaguez del mundo hacia la temperancia virtuosa.
“Pues
el mal [
ilusión]
del no conocimiento está inundando toda la tierra y trayendo la ruina total al
alma aprisionada dentro del cuerpo, impidiéndole navegar hacia los puertos de
la salvación.” (C. H. XII. 1)
La
única salvación es la Gnosis – Gnosis de Dios, pues:
“Dios
no ignora al hombre; por el contrario, Él lo conoce interiormente y Su voluntad
es que Él [
a Su vez]
sea bien conocido [ por el hombre]. Éste es el único medio
de seguridad para el hombre – su Gnosis de su Dios. Éste es el camino que lleva
a lo alto de la montaña (Olimpo). Y es solamente por esta [ascensión] que
el alma del hombre se torna buena-“ (C.H., X- 15)
La
subida a la montaña es la ascensión (anodos, anabasis) del alma a la altura de
la contemplación, o el sumergirse en su naturaleza espiritual. Es el camino de
la ascensión, así como el del retorno.
Observado
desde el punto de vista humano, la Gnosis es el ‘test de devoción’ (C.H.,
X. 19), la ‘virtud del alma’ es también el ‘fin de la ciencia’ (C. H.,
X. 9). Se dice que aquél que ‘se conoce a sí mismo’ es “bueno y piadoso y aún
en la tierra es divino” (C. H., X. 9). No obstante,
considerado desde el punto de vista soteriológico (18), o en relación a la
teoría de la salvación, la senda no surge a partir de la propia persona, sino
por la decisión del Salvador, tanto en las formas de la Gnosis pre-cristianas
como en las formas cristianizadas. De este modo, en la conclusión del bien
referido al himno Naasseno, basado en el material pagano y oriental, Jesús es
descrito como diciendo (19):
“Con
blasones en mis manos descenderé; a lo
largo de todos los eones del universo yo construiré un camino; revelaré todos
los misterios y manifestaré las formas que los dioses presentan. Los secretos
de la sagrada senda daré en nombre de la Gnosis y los transmitiré.”
La
ascensión hacia lo alto de la montaña es mencionada varias veces, como lo es
por casi todo el misticismo y no debe ser atribuida la leyenda de Moisés; ella
es puramente pagana. Por eso, Juliano (20) dice que Hermes, como guía o instructor místico, se
encuentra con los místicos en la base de la montaña, mientras que en los
Papiros de Magia (Pap. Lug., V.) Leemos: “Soy aquel a quien tú encontraste al pie
del monte sagrado”. Y en el tratado trismegístico llamado El Sermón Secreto en la Montaña,
la senda probatoria es llamada el ‘ascenso a la montaña’ (C. H., XIII. 1), en el
tope de la cual ocurre la transfiguración y la visión. En los mismos sermones
iniciáticos en otro pasaje, el neófito es exhortado:
“Procura
un guía para llevarte a los portales de la Gnosis, donde brilla la clara luz,
exenta de toda oscuridad, donde ningún
alma está embriagada, sino todas están sobrias, libres de su sueño
embriagador, con los ojos del corazón
fijos en Él que quiere ser visto” (C.H., VII, 2)
Esto
está descrito de forma todavía más elegante en el pasaje:
“Aunque,
en el caso del alma piadosa, a la Mente,
en verdad, la eleva y guía hacia la luz de la Gnosis. Y esta alma nunca se
cansa de cantar loores a Dios, de verter bendiciones a todos los hombres y de
hacer el bien en palabras y acciones para todos, imitando a su padre.” (C.H.,
X. 21)
Por
lo tanto, el conocimiento de Dios es un conocimiento o ‘visión’ con los ‘ojos
del corazón’. Tales ojos son llamados ‘espirituales’, ‘consagrados’, ‘inmortales’.
Los ojos del cuerpo no son los órganos de visión verdadera, como lamentan las
almas cuando están inicialmente encarceladas en el cuerpo: “¡Ventanas éstas son
– no ojos!” El cuerpo es el ‘velo de la ignorancia’. El ‘envoltorio de la
oscuridad’, el ‘envoltorio de la personalidad’, pues: “Ningún oído puede oírlo,
ni el ojo puede verlo, sino solo la mente y el corazón” (C.H., VII.2)
El
conocimiento Gnóstico es la intuición de la mente verdadera o espiritual, la comprensión
inmediata o la clara percepción de la realidad viva. Aunque generalmente referido
metafóricamente como mirar, visión o contemplación. Porque la vista es lo más
agudo de los sentidos diferenciados, y, preferiblemente, percepción instantánea
(21); en verdad, es llamado el sentido único, el sentido simple, el sentido
unitario, el ‘sentido de la inteligencia’. Es tacto o contacto espiritual, un
tornarse inmediato, en un estado más allá del sujeto y objeto, así como Plotino
lo describe, un único sentido sintético, para el cual él también usa el termino
técnico de tacto o toque.
“Solo
la intuición ve lo in manifestado, visto
que ella misma es in manifestada. Si es capaz [de percibirlo],
manifestado será a los ojos de tu mente… Ilimitada es la naturaleza generosa
del Señor; ella se manifiesta por todo
el mundo. Tú puedes conocerla – no puedes verla, tomarla en tus propias manos y
observar la imagen de Dios.” (C.H., V. 3)
Aquí
la mente o corazón, como fue llamada, es el ser espiritual o mónada del hombre,
como para los sufís mahometanos y la mayoría de los místicos elevados. No es la
denominada mente cerebro o incluso el intelecto raciocinador. Su conocimiento o
visión es de una naturaleza inmediata. Es la imagen de Dios en el hombre y es
por medio de ella que la imagen de Dios en el Universo o la Belleza de la Vida
es contemplada. Este conocimiento es llamado el ‘poder de la visión divina’,
que no es ver sino un convertirse, como puede ser ejemplificado en uno de los
Extractos Herméticos preservados por John Stobaeus (Ek. I, XXI. 9):
“Aquél
que no ignora estas cosas, puede conocer a Dios en el sentido perfeccionado del
término; en verdad, si la persona osa decir eso, puede ver-Lo tornándose la propia cosa que percibe y viéndola entonces que se torna inmortal”.
La
Gnosis, más allá de eso, confiere libertad, soberanía, realeza. El reino de la
Gnosis es, así, establecido en contraste con el reino del destino o del mundo
sensible y, por lo tanto, es concebido como la orden supra-sensible o
inmaterial, el mundo de la libertad espiritual contrastado con el mundo
mecánico de causa y efecto. La Gnosis torna libre. La mente espiritual es
libre, pues:
“Señor
de todas las cosas es la Mente, el Alma de Dios; sí, Señor del destino y de la
ley y de todas las cosas también. Nada es imposible para Ella, ni elevar un
alma humana por encima del control del destino, ni colocar debajo de la
influencia del destino a un alma que
haya caído en negligencia.” (C.H., XII. 9)
Por
eso, Zózimo, el hermetista y alquimista (22), al final del siglo III d.C.,
citando escritos trismegísticos que no existen más, nos habla que el Tres veces
grande Hermes se refiere a los hombres naturales – eso es, a los ‘psíquicos’,
como eran llamados, o aquellos que todavía eran incapaces de constatar
concientemente, en sí mismos, lo inmaterial o espiritual – como los ‘sin mente’
o juguetes, diversión o cortejos del destino. No obstante, aquellos que tienen
la mente espiritual activa son llamados filósofos o aquellos que aman la
sabiduría; ellos son superiores al destino y reyes de sí mismos, porque se
conocen de manera Gnóstica. Así, también en El Sermón Perfecto (XII),
somos informados de que la Gnosis y la Filosofía son idénticas, en el sentido
del amor a la sabiduría, pues leemos que: “filosofía que consiste solamente en
conocer la divinidad – una visión frecuentemente renovada, del culto de la
santidad”.
Algunas
personas argumentan que la Gnosis era principalmente mágica, siendo su
significado característico esencialmente el conocimiento de fórmulas mágicas; y
es verdad que, en algunas de las tradiciones, encontramos, en el medio del
material, una riqueza de tales fórmulas – sueños místicos, permutaciones de vocalizaciones
y combinaciones (tal vez para ser consideradas, a veces, como una notación
musical olvidada), o detritus antiguo y, por lo tanto, sagrado, lenguas y el
resto. Pero eso ciertamente no puede ser dicho de un buen número de las
principales escuelas y, mucho menos, de la tradición trismegística. Realmente,
del tratado perdido Sobre el Portal Interior, Zózimo cita a Hermes declarando:
“El
Hombre espiritual, el hombre que se conoce a sí mismo, no debe realizar cosa
alguna por medio de la magia, ni incluso creer que la cosa es buena; tampoco
debería forzar el destino, sino aceptar su curso natural. Él debería seguir
adelante, buscando solamente su propio ser y, al alcanzar la Gnosis de la
divinidad, debería obtener los ‘tres’ que no tienen nombre en la tierra y dejar
al destino llevar a cabo su voluntad en su propia tierra – esto es, sobre el
cuerpo. Y, si él comprende eso de esta forma y así puede organizar su vida, deberá
obtener la visión de Hijo de Dios,
volviéndose todas las cosas por causa de las almas santas, para que pueda
retirar cada alma de la región del destino, para el reino en el que ella es libre del cuerpo.”
Los
‘tres’ o ‘tríada’ son presumiblemente la Luz, la Vida y el Bien, como ya vimos
anteriormente. El Hijo de Dios es la Mente; el Pastor de Hombres, el Guía
Divino hacia la Luz, que ilumina la mente de cada alma, así manteniéndola
elevada, o volviéndose libre del destino. Como alcanzar la Gnosis denota la
idea de libertad y salvación, así también sugiere la noción de poder, de
conquista y de control. La posición de la Gnosis, por lo tanto, confiere
‘autoridad’, un término intercambiable con ‘poder’ en un sentido Gnóstico.
Abundantes
evidencias adicionales podrían ser adelantadas, pero ya fue dado lo suficiente
para demostrar que la idea fundamental de la Gnosis es la transmutación en un
ser espiritual y eso es fundamentalmente una idea religiosa oriental, la
antípoda de la filosofía en su significado moderno común visto como la
elaboración de un sistema intelectual. La Gnosis es, por lo tanto, acompañada
de visión y revelación en el sentido en que las citas anteriores ya deberían
haber aclarado. Más allá de eso, sería
fácil demostrar que éstas son también características generales de la Gnosis en
los sistemas cristianizados, pero eso demandaría un estudio separado. Basta
citar aquí un único pronunciamiento de un pequeño fragmento poco conocido de un
Apocalipsis Valentiniano preservado por Epifanio (XXXI. 5):
“Añoranzas
de la Mente que nunca se cansa, ¡para mentes que nada puede hacerlas cansar!
Ahora despertaréis en ustedes nuevamente la memoria de los misterios encima de
los propios cielos, los misterios a los cuales ningún nombre puede darse, los
cuales ninguna lengua puede expresar – los misterios que ningún soberano o
autoridad, que ningún sujeto o naturaleza mística tiene el poder de comprender,
sino que fueron tornados simples para la comprensión de la conciencia que
está por encima de todo cambio.”
Las
indicaciones anteriores del significado de la Gnosis en las formas más elevadas
del misticismo helenístico pueden ser de interés para un público más general
que para el pequeño número de los que ya están enterados del asunto. Existe
actualmente una renovación de intereses en asuntos místicos y fueron publicados
recientemente libros tratando la experiencia religiosa de esta naturaleza. En
consecuencia, en la mayor parte de las veces, la investigación es debida casi
exclusivamente al misticismo cristiano medieval y más recientemente. La riqueza
de la literatura mística oriental es prácticamente ignorada, mientras que sobre las tradiciones occidentales fuera de
la Iglesia, más allá de una referencia u otra a Plotino, prácticamente no oímos
nada de los muchos movimientos místicos de los tiempos antiguos, que son, por
lo menos algunos de ellos, de gran interés e importancia (23).
Notas
1. El título original de este capítulo es
"The Meaning 01 Gnosis in the Higher Forms 01 Hellenistic Religion".(N.E.)
2. Vease, especialmente, de Reitzenstein, Die
hellenistischen Myste-rienreligionen (Leipzig, 1910), al cual estoy muy agradecido. De lejos, el mejor
trabajo sobre las fuentes, o material pre-cristiano, de la gnosis cristiana, desde
un punto de vista de la historia religiosa, es la obra de Bousset,
Hauptprobleme der Gnosis (Góttingen, 1907), que fue resumido en su artículo
sobre 'Gnosticismo',en la 1º P edición de la Enciclopedia Británica. Con relación
a la influencia de las religiones
orientales sobre el paganismo romano, ver la obra de Cumont, Les Religions
Orientales dans le Paganisme Romain (2_ ed. revis., Paris, 1909). (NA)
3. Filosofia significa 'amor a la sabiduría', pero,
para el sentido común en la actualidad, muchas veces es definida como un
sistema de conceptos intelectules sobre la realidad. (N.E.)
4. Die Offenbarung in Gnosticismus (Gõttingen.
1901).
5. Piadosos son aquí denominados a los cristianos
ortodoxos que, criticando a los Gnósticos, así podrian auto-titularse. (N.E.)
6. Theodotus fue el maestro Gnóstico de
Clemente. Este libro es una colección de sus enseñanzas en Siria. En Egipto fue
conocido como Panteno. La obra 'Stromatas', de Clemente de Alejandría, también
contiene las enseñanzas de su instructor. (N.E.)
7. Aquella justa, clara y apropiada percepción
de lo que realmente es la 'fe' y que la verdadera Gnosis proporciona. (N.E.)
8. Devoción como comunión con la Divinidad que
está en nosotros. (N.E.)
9. Corpus Hermeticum es un conjunto de textos de
la tradición hermética. De aquí en adelante será abreviado como C.H., seguido del
indicador del volumen del texto. (N.E.)
10. El Sermón Perfecto es otro texto de la
tradicióno hermética. (N.E.)
11. Para los Pitagóricos, la mónada (manas) es
indivisible. Este concepto semejante encontramos en Monada/agia de Leibniz.
(N.E.)
12. Philo, el Judío, que vivió em Alejandría
entre los siglos I a.C. y I d.C. escribió innúmerables obras, entre las cuales
está La Vida Contemplativa, donde aborda
a los terapeutas - nombre por el cual son designados los grupos de tradición esenia
en Egipto. (N.E.)
13. Para esta última frase adopté las enmiendas
y complementaciones de Reitzenstein, pues el texto recibido estaba muy
corrompido. (N.A.)
14. El 'daimon' en la tradición helenística.
(N.A.)
15. Illuminati, término que designa a los
filósofos del Fuego, que buscan la Iluminación espiritual. (N.E,)
16. Los Naassenos son los mismos Ophitas, los
primeros Gnósticos. (N.E.)
17. Refutation, V. 8. (N.A.)
18. Soteriologia: parte de la teología que
trata de la salvación del alma. (N.E.)
19. Hipólito, Refutation, V. 10. (NA)
20. Oración, VII, de Juliano, el Emperador
romano, siglo IV d.C. (N.E.)
21. Esto está referido al Budismo Mahayana como
Prajnã, la recta percepción o conocimiento puro - directo y no conceptual.
(N.E.)
22. Vease Berthelot, Les Alchemistes grecs, pp.
229 fi. (N.A.)
23. Vease, por ejemplo, los textos de Isabel
Cooper-Oakley (Ed.Pensamento). (N.E.)
Del libro “La Gnosis Primitiva del Cristianismo” de G. R.
S. Mead,
Traducción del Núcleo Lux, Centro Pistis
Sophia: Raul Branco, Jane Dullius, A. B. Souza, Edilson Pedrosa, Maria
Luiza S. Mousinho e Eliane Santos
Traducido del portugués al castellano para
la Biblioteca Upasika por TIM.
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