(Fragmento del Rig Veda)
Manú, en cierta mañana se hizo servir
agua en un vaso. En tanto que se lavaba las manos, un pececillo que había en el
agua le dirigió la palabra: “Manú, sálvame, y yo te salvaré del diluvio que
debe arrastrar a todos los seres.”—¿Qué es necesario hacer para salvarte?
—preguntó Manú al pez.—Mientras que somos peces pequeños nuestra existencia es
precaria, porque los peces grandes nos devoran. Déjame, pues, en este vaso.
Cuando yo haya crecido, haz un estanque y llénalo de agua para que me reciba, y
cuando haya aumentado más aún de tamaño llévame al mar. Entonces seré bastante
fuerte para librarme de todos los peligros. Efectivamente, el pez creció y un
día dijo a Manú: “Deberás construir una nave para salvarte del diluvio que te
he anunciado. Haz exactamente lo que te digo. Cuando el diluvio comience,
métete en la nave que habrás construido y déjate llevar por las olas: yo iré
entonces a salvarte”. Manú, cuando el pez llegó a ser enorme, lo llevó al mar.
Después construyó una nave donde puso a salvo semillas de todos los arboles y
plantas y el semen de todos los animales para repoblar la Tierra , y se metió en ella
tan pronto como el diluvio comenzó. Las olas pronto llegaron a levantar a la
nave y la transportaron de un lugar a otro. Manú vio entonces venir el pez que
él había salvado; lo ató por medio de un cable a su nave, y el pez, nadando
vigorosamente, lo condujo hacia una montaña elevada que el mar no había podido
cubrir. Allí, el pez le dijo: “Amarra tu nave al tronco de aquel árbol
corpulento. Conviene hacerlo así para evitar que las aguas cuando se retiren
puedan arrastrarla.” Después se alejó y Manú no lo volvió a ver.
Cuando las
aguas se retiraron, Manú salió de su nave y se halló solo en la tierra, porque
las aguas habían sumergido todo lo que había en el mundo, y habían hecho
perecer a todas las criaturas. Manú vivió cuerdamente e hizo numerosas ofrendas
al mar, al que pidió una compañera. Al cabo de un año, una mujer salió del mar
y se dirigió hacia los dioses.Éstos le preguntaron quién era. “Soy la hija de
Manú, respondió, y a él pertenezco.” Los dioses quisieron obligarla a
permanecer con ellos, pero ella se negó, y fue a buscar a Manú: éste le
preguntó quién era ella.—Soy tu hija —le respondió.—¿Cómo puedes ser mi
hija?—Las ofrendas que has dedicado al mar me han dado vida, correspondiendo
así a un voto que hiciste. Si quieres tener grandes riquezas y una larga
prosperidad, hazme tu esposa durante un sacrificio, y todos nuestros deseos se
realizarán. Manú celebró entonces un sacrificio y se unió a aquella mujer;
vivieron largos años y fueron padres de la raza llamada de Manú…
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