Clemente de Alejandría nos presenta al gnóstico Basílides “dedicado a la contemplación de las cosas divinas”.
Esto mismo puede decirse de los fundadores de las primitivas sectas que acabaron por fundirse en la estupenda amalgama de intrincados dogmas con que Ireneo, Tertuliano y otros doctores definieron el actual cristianismo. Si se califican de heréticas aquellas sects, también habríamos de considerar herético el primitivo cristianismo.
Basiílides y Valentino fueron anteriores a Ireneo y tertuliano, quienes todavía tienen menos motivo que aquéllos para cohonestar sus heréticas doctrinas, cuyo triunfo se debió a la propicia suerte y no al derecho divino ni a la eficacia de la verdad. Cabe asegurar con todo fundamento que el judaísmo, la cábala y el cristianismo son brinquiños de las dos recias ramas (induísmo y budismo) del robusto tronco de la prevédica religión universal a que pudiéramos llamar budismo prehistórico, posteriormente dogmatizado en el induísmo para rebrotar más tarde en el budismo de Gautama.
LA SUCESIÓN APOSTÓLICA
Con esta última religión tiene íntimo parentesco la predicada por Jesús y difundida por los apóstoles.
El buddha Gautama restauró la prístina pureza del sentimiento religioso estableciendo su doctrina ética sobre tres principios fundamentales, conviene a saber:
1.º El origen natural de todas las cosas.
2.º Que la virtud lleva en sí misma el premio, y el vicio el castigo.
3.º Que la vida terrena es de prueba para el hombre.
En estos tres principios se fundan todas las creencias religiosas, que pueden resumirse en Dios y la inmortalidad del espíritu.
Por confusos que fueran los subsiguientes dogmas teológicos y por incomprensibles las metafísicas abstracciones que embarullaron las teologías de las diversas religiones, todas éstas, si exceptuamos el actual cristianismo, vivifican su filosofía con aquellos tres principios que resplandecieron múltiplemente en las doctrinas de Zoroastro, Pitágoras, Moisés, Platón y Jesús.
Examinemos, pues, siquiera brevemente, las numerosas sectas que se llamaron cristianas por creer en un Christos, y veamos hasta qué punto coincidieron los apóstoles Pedro y Pablo en la predicación de la nueva doctrina.
Otra vez hemos de referirnos al fraude capital de los doctores de la Iglesia, quienes con propósito de validar la supremacía de Roma, afirmaron contra toda prueba histórica que el apóstol Pedro sufrió el martirio en la ciudad eterna.
Muy natural es que el clero romano se obstine en defender esta falsedad, porque una vez descubierta, quedaría sin apoyo alguno el dogma de la sucesión apostólica.
Recientemente se han publicado notables obras para refutar el supuesto martirio de Pedro en Roma, entre ellas El Cristo de Pablo, escrita por Reber, quien muy ingeniosamente demuestra:
1.º Que la Iglesia de Roma no se estableció hasta el reinado de Antonino Pío.
2.º Que si fuese cierto, como afirman Eusebio e Ireneo, que los apóstoles Pedro y Pablo nombraron por sucesor en el gobierno de la Iglesia a Lino, esta sucesión correspondería precisamente a los años 64 al 68 de la Era cristiana.
3.º Que este período cae dentro del reinado de Nerón.
Apoyado en estas tres demostraciones, prueba Reber con sólido fundamento que el año 69 no podía estar San Pedro en Roma porque estaba en Babilonia, donde escribió su primera epístola, cuya fecha fijan Lardner y otros investigadores en aquel mismo año.
Acaso la Iglesia romana quiso denotar desde luego su índole al elegir por fundador titular al apóstol que negó tres veces a su Maestro en el momento del peligro, y el único (excepto Judas) que con sus provocaciones dio motivo a que le reprendiese, diciendo:
Mas él, volviéndose y mirando a sus discípulos, amenazó a Pedro, diciendo: Quítateme de delante, Satanás, porque no sabes las cosas que son de Dios, sino las que son de los hombres.
La Iglesia griega conserva una tradición, cuyo origen atribuye a Basílides, según la cual, cuando el canto del gallo representó a Pedro la cobardía de su triple negación, atravesaba Jesús entre soldados el patio de Anás y encarándose con Pedro le dijo: “En verdad te digo, Pedro, que me negarás en los siglos venideros hasta que pases de viejo y extenderás tus manos y otro te escarnecerá”.
Dicen los griegos que este vaticinio se refiere a la Iglesia romana, que constantemente está renegando de Cristo bajo el disfraz de falsa religión.
ADULTERACIÓN DE LOS EVANGELIOS
El anónimo autor de la Religión Sobrenatural prueba concluyentemente la adulteración de los cuatro Evangelios por mano de Ireneo y sus secuaces, quienes tergiversaron maliciosamente el cuarto, aparte de las falsificaciones llevadas a cabo por los doctores de la Iglesia, de suerte que resultan de muy dudosa autenticidad.
Con insuperable lógica y profundo convencimiento trata el autor de este punto en su obra, según puede colegirse del siguiente pasaje:
Ganamos muchísimo más que perdemos al no creer en la revelación divina, pues al paso que conservamos íntegro el tesoro de la moral cristiana, prescindimos de toda superstición de adulterados elementos. No estamos ya sujetos a una teología contraria a la razón y al sentido moral, ni tenemos de Dios y de su gobierno del universo absurdos remedos antropológicos, pues de la mitología hebrea nos remontamos al elevadísimo concepto del Ser de bondad y sabiduría infinitas, cuya impenetrable gloria le encubre a la percepción de la mente humana; pero, no obstante, le conocemos por la perfecta y maravillosa operación de sus leyes... Ningún valor tiene el argumento tantas veces aducido por los teólogos de que la revelación le es necesaria al hombre para robustecer su conciencia moral. Lo único necesario para el hombre es la VERDAD, y sólo con ella debe conformarse nuestra conciencia moral.
Muy elocuente es el hecho de que el apóstol Pedro defendiera durante toda su vida el rito de la circuncisión; y por lo tanto, cabe inferir que a quienquiera, menos a Pedro, se le puede considerar como fundador de la Iglesia romana, pues si lo hubiera sido, de seguro que sus sucesores se sometieran a esta operación, siquiera por respeto al fundador.
El manuscrito hebreo: Sepher Toldoth Jeschu da muy distinta versión referente a Pedro, de quien dice que, en efecto, era discípulo de Cristo, aunque algo disidente, pero sin que los judíos le persiguiesen, como han supuesto los historiadores eclesiásticos.
El manuscrito habla con mucho respeto de Pedro, y le llama “siervo fiel del Dios vivo”,añadiendo que pasó austeramente el resto de sus días en lo alto de una torre de Babilonia entregado a la meditación, predicando la caridad y componiendo himnos religiosos. Dice también dicho tratado que Pedro recomendaba constantemente a los cristianos la paz y concordia con los judíos; pero luego de su muerte apareció en Roma otro apóstol diciendo que Pedro había adulterado las enseñanzas del Maestro y amenazó con los tormentos eternos de un infierno inventado por él a cuantos no creyeran en sus predicaciones, sin operar en apoyo de ellas milagro alguno de los prometidos
Las relaciones entre el apóstol Pedro y sus ex correligionarios judíos están apoyadas en el siguiente pasaje de Teodoreto:
Los nazarenos son judíos que veneran al ungido (Jesús) como a un justo y siguen el Evangelio según Pedro.
Según se infiere de los documentos históricos, las primeras sectas cristianas, fueron: nazarenos, ebionitas y esenios o terpeutas, de los que eran una rama los nazarios.
Todas estas sectas profesaban más o menos abiertamente la cábala, creían en la expulsión de los demonios por medio de conjuros mágicos, y hasta la época de Ireneo nadie las tuvo por heréticas.
Todas las sectas gnósticas creían igualmente en la magia, como comprueba el mismo Ireneo al hablar de los discípulos de Basílides diciendo:
Emplean imágenes, evocaciones, conjuros y todo lo referente a la magia.
LA PALABRA NAZARENO
Por otra parte, Dunlap, apoyado en la autoridad de Lightfoot, dice que a Jesús le llamaron por sobrenombre Nazaraios,aludiendo a la humildad de su condición social, pues dicha palabra significa “alejamiento de los hombres”.
Sin embargo, el verdadero significado de la palabra nazar (...) es “consagrado al servicio de Dios”, aunque en el gramatical sentido del lenguaje vulgar significaba diadema, y por figura de dicción se aplicó alegóricamente este nombre a los consagrados a Dios en cuya cabeza no tocaba filo de tijera.
A José, hijo de Jacob, le llaman nazareno las Escrituras, y el mismo título reciben Sansón (Semes-on ...) y Samuel (Sem-va-el ...). Porfirio dice que a Pitágoras le inició en Babilonia el hierofante Zar-adas, y de esto cabe inferir que el nombre de Zoroastro o Zoro Aster equivale a Nazar de Ishtar, Zar-adas o Na-Zar-Ad, cuyas leves diferencias proceden de la diversidad de idiomas. De la propia suerte el escriba Esdras (...) era hierofante y Zorobabel o Zeru Babel (...) fue el zoro o nazar que acaudilló a los israelitas al salir de la cautividad de Babilonia.
Las Escrituras hebreas aluden a dos distintos cultos religiosos dominantes entre los isaraelitas: el exotérico de Baco bajo el nombre de Jehovah y el esotérico de los iniciados caldeos, nazares, teurgos y algunos profetas cuya metrópoli era Babilonia, donde había dos escuelas rivales de magia, una exotérica y otra esotérica que, satisfecha de sus impenetrables conocimientos, no tuvo reparo en someterse aparentemente al poder secular del reformador Darío.
La misma conducta siguieron los gnósticos al acomodarse exotéricamente a la religión dominante en cada país, sin menoscabo especial de sus creencias esotéricas.
También cabe suponer que Zero-Ishtar fuese nombre común a los sumos sacerdotes o supremos hierofantes de la religión caldea, y que cuando los arios persas, en el reinado de Darío Hystaspes, vencieron al mago Gomates y restauraron el culto mazdeísta, sobrevino una confusión por la cual el Zero-Ishtar se convirtió en el Zara-tushra del Vendidad, que no aceptaron los demás arios, fieles a la religión védica.
No cabe duda de que Moisés estuvo iniciado, pues la religión mosaica viene a ser una entremezcla de heliolatría y sarpolatría con ligeros toques monoteísticos que Esdras elevó a concepto fundamental en las Escrituras recopiladas al regreso de la cautividad. De todos modos, el libro de los Números es posterior a Moisés, y sin embargo, en él se ve con toda claridad el culto pagano del sol y de la serpiente.
Los nazares o profetas, los nazarenos y los iniciados eran abiertamente contrarios al culto exotérico de Baco bajo el nombre de Jehovah, y se atenían estrictamente al espíritu de las religiones simbólicas, sin parar mientes en las idolátricas ceremonias de la letra muerta. Por esto, los sacerdotes, que en la superstición tenían su lucro, concitaban frecuentemente las iras del populacho contra los profetas, hasta el punto de morir algunos de ellos lapidados.
LA FÁBULA DE EURÍDICE
Otfriedo Müller nos descubre las diferencias entre los Misterios órficos y el culto exotérico de Baco, aunque los iniciados en ellos profesaban públicamente la religión báquica; pero la austera moralidad y el riguroso ascetismo de las doctrinas de Orfeo, que tan escrupulosamente seguían sus discípulos, eran de todo punto incompatibles con la grosera obscenidad y torpeza de lasceremonias populares.
La fábula de Aristeo que persigue a Eurídice por los bosques, donde la mata una serpiente, es clarísima alegoría de la fuerza bruta (Aristeo) que persigue a la doctrina esotérica (Eurídice), muerta por acometida de los dioses solares (la serpiente), que la sepultan en el mundo subterráneo o lugar inferior, muy distinto del infierno teológico. Además, cuando las bacantes despedazan a Orfeo, la alegoría da con ello a entender la profunda diferencia entre la religión esotérica y el culto exotérico, y que los groseros ritos populares tienen siempre entre el vulgo mejor acogida que la sencilla y divina verdad.
Difícil resulta determinar con precisión los ritos del esoterismo órfico, pues los himnos originales se perdieron desde un principio, y ni Platón ni Aristóteles tuvieron por auténticas las copias existentes en su tiempo. Sin embargo, la tradición oral indica que Orfeo aprendió sus doctrinas en la India de boca de los magos, o sean las mismas que profesaban los iniciados de todos los países.
Los esenios pertenecían a la escuela pitagórica, antes de que alteraran más bien que perfeccionaran su organización bajo el influjo de aquellos misioneros budistas establecidos per saeculorum millia en las riberas del mar Muerto, según nos dice Plinio. Pero si por una parte los misioneros budistas disciplinaron monacalmente a los esenios con estricta observancia de las reglas conventuales, también dieron vivo ejemplo de las austeras virtudes que en grado heroico practicó Sakya, a quien precedieron en ejemplaridad algunos filósofos antiguos con sus discípulos y siguieron siglos después Jesús y los ascetas cristianos, hasta que, relajándose poco a poco, las olvidó por completo la Iglesia romana.
Los nazares iniciados se habían mantenido siempre fieles a las enseñanzas esotéricas que antes de ellos profesaron los primitivos adeptos. Los discípulos de Juan el Bautista formaban una rama desgajada de los esenios y por tanto no debemos confundirlos con los otros nazares a quienes Oseas inculpó de haberse entregado a Bosheth (...), que era el máximo de la abominación .
La secta de los nazarenos era muy anterior a la ley de Moisés, y nació en la comarca de Galilea, secularmente enemistada con el resto de Israel y compuesta en otro tiempo de una confusa mezcolanza de gentes idólatras, cuya capital era Nazara, después Nazareth, donde los primitivos nazarenos celebraban los Misterios de vida o asambleas de iniciación, cuyos ritos religiosos diferían opuestamente de los del culto popular de Adonis en Biblos.
Mientras los menospreciados galileos adoraban al verdadero Dios con el don de clarividencia trascendental, los israelitas, que presumían de pueblo escogido, se entregaban a cultos idolátricos, según demuestra el siguiente pasaje:
Y saliendo una forma de mano, me asió de una guedeja de mi cabeza y me elevó el Espíritu entre la tierra y el cielo y me llevó a Jerusalén en visión de Dios... Y habiendo entrado, miré, y he aquí toda semejanza de reptiles y de animales y todos los ídolos de la casa de Israel estaban pintados en la pared por todo el rededor. Y a setenta hombres de los ancianos de la casa de Israel que estaban en pie delante de las pinturas... Y me dijo: Hijo de Israel en las tinieblas, porque dicen: No nos ve el Señor... Y me introdujo por la puerta de la casa del Señor que miraba al Norte, y he aquí mujeres que estaban allí sentadas llorando a Tammuz (Adonis). Ezequiel Cap 8
NAZARENOS Y NAZARES
Seguramente que los pueblos paganos no superaron jamás al escogido en las abominables obscenidades que sus mismos profetas les echan en cara con tanta frecuencia.
Así se explica la hostilidad, recrudecida posteriormente, entre los nazarenos y los judíos carnales, a quienes acusaban los primeros de adorar a Baco o Iurbo-Adonai.
Dice el Código de los Nazarenos:
No adores al sol que llaman Adonai, Kadush y El-El. Este Adonai escogerá una nación y la congregará en asambleas... Jerusalén llegará a ser el refugio de los abortivos, que se perfeccionarán (se circuncidarán) con espada y adorarán a Adonai.
Descendían los nazarenos de los nazares de la Biblia, y su postrer caudillo de nota fue Juan el Bautista.
Los escribas y fariseos de Jerusalén no les molestaban, a pesar de su heterodoxia, y aun el mismo Herodes temía un motín popular, porque las gentes consideraban a Juan como profeta.
Los discípulos de Jesús estaban en su mayor parte afiliados a la secta de los esenios, que era un desprendimiento de la de los nazarenos, o como si dijéramos, una herejía de herejía a los ojos de los fariseos, quienes miraban aviesamente a Jesús por sus innovadoras predicaciones.
Así se explica fácilmente la notable analogía entre el ritual de los primitivos cristianos y el de los esenios, que, según hemos dicho, habían sido catequizados por los misioneros budistas repartidos por Egipto, Grecia y Judea desde el reinado del celoso monarca Asoka; pero si bien es cierto que a los esenios cabe la honra de haber contado a Jesús entre los suyos, disentía de la comunidad en algunos puntos de observancia externa, por lo que en rigor no fue esenio, según veremos más adelante, ni tampoco nazar de los primitivos. El Código de los nazarenos y las injustas acusaciones de los gnósticos bardesanianos nos dicen lo que fue Jesús, según vemos en el siguiente pasaje:
Jesús es Nebo, el falso Mesías, el debelador de la antigua religión ortodoxa.
Fundó Jesús la secta de los nazares disidentes, de acuerdo con las enseñanzas budistas, como claramente se infiere de la palabra ... (Nebo, dios de la sabiduría) pues ... (naba) en hebreo significa hablar por inspiración. Pero Nebo es equivalente a Mercurio, y éste a Buddha en el monograma planetario de los indos. Además, los talmudistas sostenían que Jesús estaba inspirado por el genio de Mercurio.
Por lo tanto, el reformador nazareno pertenecía a una de dichas sectas, aunque no sea posible dilucidar cuál de ellas; pero está fuera de duda que predicó la filosofía de Sakya el Buddha. Denunciados los nazares por los últimos profetas y malditos por el Sanhedrín, que los persiguió solapadamente, quedaron confundidos en el concepto público con los otros nazares, de quienes dijo Oseas:
... y se enagenaron para su confusión y se hicieron abominables como aquellas cosas que amaron.
Así se comprende que los fariseos menospreciaran de tal modo a Jesús y le llamaran despectivamente el “Galileo”. Así se comprende también la pregunta de Nathaniel:
Pues qué, ¿puede salir de Nazareth cosa buena?
tan sólo porque sabía que Jesús era natural de esta ciudad galilea. Esto nos lleva a suponer con fundamento que los primitivos nazares no profesaban la religión mosaica como los judíos, sino más bien la de los teurgos caldeos. Por otra parte, la notoria tergiversación del texto original de los Evangelios substituyó la palabra nozari (nazareno o nazar) por la de Nazareth, de modo que el original decía:
¿Puede venir de un nazareno cosa buena?
Los errores de la Biblia son leves en comparación de los que se echan de ver en los Evangelios, y no hay más valiosa prueba del sistema de piadosos fraudes sobre que se funda el armazón del mesianismo.
El evangelista San Mateo dice al hablar de Juan:
Éste es Elías que había de venir.
En esto se descubre una antigua tradición cabalística; pero cuando le preguntan al Bautista: “¿Eres tú Elías)” y responde: “No lo soy”, ¿a quién hemos de creer?, ¿al Bautista o al Evangelista? ¿Y dónde queda la revelación divina?
Evidentemente, el propósito de Jesús fue idéntico al de Buda, esto es, baneficiar ampliamente al género humano por medio de una reforma religiosa que restableciese la ética en toda su pureza, pues hasta entonces el verdadero concepto de Dios y de la Naturaleza había sido privativo de los adeptos a las escuelas esotéricas.
Pero aunque Jesús no se abstuviese de beber vino podía ser nazareno, pues según el Libro de los Números, luego que el sacerdote agita ante el altar la cabellera de un nazareno, ya puede éste beber vino. La amarga lamentación de Jesús al ver que nada bastaba para satisfacer al pueblo, está concretada en el siguiente pasaje:
Juan vino sin comer ni beber y dijeron de él: “Tiene demonio”. El Hijo del Hombre vino comiendo y bebiendo y dicen: “He aquí un glotón y beodo”. (San Mateo, XI, 19).
Sin embargo, participaba Jesús de las costumbres de los esenios y de los nazarenos, pues no sólo le oímos mandar un mensajero a Herodes diciéndole que lanzaba demonios y curaba enfermos, sino que se titula profeta y se declara igual a los demás profetas.
El bautismo es uno de los ritos más antiguos, y todas las naciones lo practicaban en los Misterios a manera de ablución sagrada. Dunlap opina que el nombre de nazar deriva del verbo nazah (rociar), a lo cual se añade que, según los nazarenos, Bahak-Zivo creó el universo del “agua obscura”, y por otra parte afirma Richardson que la palabra bahak significa llover.
Sin embargo, no es fácil identificar el Bahak-Zivo de los nazarenos con el dios Baco, aunque éste fuese “el dios de la lluvia”, pues los nazarenos eran acérrimos adversarios del culto de Baco. Dice Preller que las hyadas o ninfas de las lluvias educaron a Baco, y que al terminar los Misterios los sacerdotes rociaban los altares y los ungían con aceite; pero todo esto es muy deleznable prueba.
El bautismo en el Jordán nada tenía que ver con los ritos exotéricos del culto de Baco ni con las libaciones en honor de Adonai o Adonis, tan aborrecido de los nazarenos, pues no es necesario suponer semejante analogía para probar que la pública ceremonia bautismal derivaba de los Misterios, cuyos ritos en modo alguno deben confundirse con los supersticiosos e idolátricos de la plebe pagana. Juan fue el profeta de los nazarenos y recibió en Galilea el nombre de Salvador; pero no fundó la secta que derivaba sus doctrinas de la antiquísima teurgia caldeo-acadiana.
Las clases inferiores de los primitivos hebreos, de procedencia cananea y fenicia, conservaron el culto de los dioses fálicos; pero, no obstante, también hubo iniciados entre ellos. Posteriormente, la influencia de los asirios modificó el carácter de la plebe hebrea, y por último, los persas difundieron las costumbres y conceptos farisaicos de que derivaron el Antiguo Testamento y las instituciones mosaicas.
Los asmoneos, que a un tiempo eran reyes y sacerdotes, publicaron los cánones del Antiguo Testamento en contraposición a los Libros secretos (Apocrypha) de los judíos cabalistas alejandrinos. Hasta el pontificado de Juan Hircano, los jefes de Judea fueron asideanos (chasidim) o fariseos (parsis); pero después se convirtieron en saduceos o zadokitas, que mantenían la regla sacerdotal en opuesta distinción de la rabínica. Los fariseos eran benévolos y cultos; los saduceos, fanáticos y crueles.
** Codex Nazareus (Latín) El “Libro de Adán” (es de advertir que este último nombre significa anthropos, hombre o humanidad). El Credo nazareno es llamado algunas veces “sistema bardesiano”, aunque Bardesanes (155 a 228 antes de J.C.) no parece haber tenido nada que ver con él. Cierto es que nació en Edessa (Siria) y fue un famoso astrólogo y sabeo antes de su supuesta conversión; pero, por otra parte, era un hombre bien educado y de noble familia, y no habría usado el casi incomprensible dialecto caldeo-siríaco mezclado con el misterioso lenguaje de los gnósticos, en que está el Codex.
La secta de los Nazarenos era precristiana. Plinio y Josefo hablan de los Nazaritas diciendo que tenían su residencia en las riberas del Jordán, 150 años antes de J.C. (Ant. Jud., XIII, pág 9); y Munk afirma que “el Nazaritismo (Naziareate) era una institución fundada antes de las leyes de Musah” o Moisés (Munk, pág 169). Su nombre moderno arábigo es El Mogtasila ; en los idiomas europeos se designa a los Nazarenos con los nombres de Mendaítas (Mendeanos o Mandeanos) o “Cristianos de San Juan” (véase Bautismo).
Pero si la palabra “bautistas” puede bien aplicarse a ellos, no es con el significado cristiano, pues mientras que ellos eran, y son todavía, sabeos o astrólatras puros, los mendaítas de Siria, llamados “galileos”, son politeístas puros, como puede comprobarlo cualquier viajero en Siria y en el Eufrates, una vez que se ha informado de sus misteriosos ritos y ceremonias. (Véase: Isis sin velo, II, 290 y siguientes, edic. Inglesa).
Tan secretas conservaron sus creencias desde el principio mismo, que Epifanio, que escribió contra las Herejías en el siglo XIV, se confiesa incapaz de decir en qué creían los nazarenos, y se limita a consignar que éstos no mencionan nunca el nombre de Jesús ni se titulan cristianos (obr. cit., 190). Con todo, es innegable que algunas de las supuestas opiniones filosóficas y doctrinas de Bardesanes se encuentran en el Códice de los Nazarenos. (Véase: Norberg, Codex Nazaraeus, o el “Libro de Adán”, y también Mendaítas).
MODALIDADES DEL BAUTISMO
Dice el Código de los nazarenos:
Juan, hijo del abasaba Zacarías y concebido por su madre Anasabet a los cien años, hacía ya cuarenta y dos que bautizaba cuando bautizó a Jesús el Mesías... Pero Jesús alterará la doctrina de Juan y mudará su bautismo y dará otros aforismos de justicia.
El bautismo de agua quedó substituido por el del Espíritu Santo, tal vez a causa del empeño que mostraron los Padres de la Iglesia en establecer una reforma que distinguiese a los cristianos de los nazarenos, nabateanos y ebionitas con propósito de cohonestar nuevos dogmas.
Los Evangelios sinópticos no solamente nos dicen que Jesús bautizaba como Juan, sino que los discípulos de éste se enojaron por ello, aunque nadie pueda acusar a Jesús de culto báquico.
El versículo 2 del capítulo IV de San Juan, que está puesto entre paréntesis y dice: “(Aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos)”, tiene todas las trazas de una interpolación. Según Mateo, Juan el Bautista dice que el que viene tras él no bautizará con agua, sino “con fuego y Espíritu Santo”. Marcos, Lucas y Juan corroboran estas palabras. Más adelante demostraremos que los símbolos del agua, fuego y Espíritu Santo, proceden de la India. Pero es muy particular que los Hechos de los apóstoles nieguen el bautismo de fuego, según se infiere del siguiente pasaje:
Vemos que San Juan Bautista, el precursor, profeta y mártir, según el cumplimiento de las profecías anuncia públicamente el bautismo de fuego y del Espíritu Santo; y sin embargo, sus discípulos, que tan convencidos debieran estar de las palabras de su maestro, declaran que nunca han oído hablar del Espíritu Santo.
Verdaderamente, tenían razón los autores del Codex Nazareus; pero no a Jesús, sino a los que posteriormente tergiversaron el Nuevo Testamento con tendenciosas miras, debemos culpar de haber adulterado la doctrina de Juan, la significación del bautismo y el sentido de las palabras de justicia.
No cabe objetar que el Codex, tal como lo conocemos, fue escrito siglos después de la predicación de los inmediatos discípulos de Juan, pues lo mismo ocurrió con los Evangelios.
Cuando Pablo habló con los bautistas, no había aparecido aún entre ellos Bardesanes, y por lo tanto nadie tildaba de herética a dicha secta. Además, la rivalidad suscitada desde un principio entre los discípulos de Jesús y de Juan nos da a entender que los de este último no tomaron en consideración la promesa del “Espíritu Santo”; y por otra parte, tan poco seguro estaba Juan de que Jesús fuese el Mesías prometido, que después del bautismo y no obstante la voz que desde el cielo dijo: Éste es mi Hijo el amado, envía desde la cárcel a dos discípulos para que le pregunten a Jesús: “¿Eres tú aquel que ha de venir o hemos de esperar a otro?”
BLAVATSKY

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